Gibraltar, otra vez

por David Lorenzo Cardiel

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Vale, que sí, que nos hicieron la jugarreta. Que con toda cara los guiris levantaron estandarte anglosajón en el Peñón en 1704, en plena guerra de Sucesión entre austrias y borbones. Con la Corona de Aragón fusil en mano. Con Castilla, Navarra y Francia cañón al hombro.
Imagen de Gibraltar en el siglo XIX
Fuente: Wikipedia Commons
Cierto es que los ingleses no perdieron el tiempo. Aprovechando la toma combinada de Gibraltar, en lugar de levantar la bandera del bando ganador levantó la británica. Desde entonces, aprovechando la coyuntura y el despiste generalizado España perdió el pueblecito. Felipe V, el vencedor, tuvo que ceder el castillo, las murallas y el pueblo a los inglesitos. Sin remisión. Pocos años después, como de costumbre en esas épocas España volvió a declarar la guerra a Inglaterra, tras recuperar Menorca (ocupada también por los ingleses), Nápoles, Cerdeña y otras posesiones aragonesas y vencer la flota inglesa a la española. España contraatacó al estilo inglés, por la espalda. Aprovechó la pelea dinástica británica para enviar una flota a apoyar a los escoceses y un regimiento español para tomar Inglaterra. La flota se hundió en Finisterre y el regimiento peleó junto con los escoceses y terminó huyendo y perdiendo la guerra (en conmemoración por el apoyo español a los escoceses existe hoy en día el Paso de los españoles, en la húmeda Escocia).
Cierto es que, con guerra o sin guerra, Gibraltar permeneció en manos británicas. España intentó la toma en varias ocasiones, con miles de hombres, con cañones, con la armada, con todo; pero los ingleses nos dieron para el pelo en todas ellas.
Gibraltar (encuadrado) fotografiado por la NASA
Fuente: Wikipedia Commons
Franco, en su día, cercó Gibraltar. Le cerró la fronterita y los dejó aislados, marginados. Años después, tras el abandono español, la frontera volvió a abrirse. El pueblo gibraltareño no olvida el rechazo español y, hace seis años, cuando España reclamó el peñón a Inglaterra ellos se declararon independientes, ni británicos ni españoles.
Sin embargo, parece que los “llanitos” van a tener un motivo actual para volver a odiarnos. Según parece, un pueblecito cercano piensa gravar los vehículos que atraviesen la frontera, limitando así las entradas y salidas del peñón.
Desconozco hasta qué punto puede tener o no repercusión la medida, pues vivo lo suficientemente lejos de Andalucía para no afectarme el asuntillo. Sin embargo, sí desearía dar mi opinión al respecto. Gibraltar, pese a ser inglés es tan español como lo puede ser la ciudad de Madrid. Los habitantes hablan una variedad del español (el llanito), viven más en España que en Inglaterra y sus costumbres son hispanas. Esto además de que multitud de ciudadanos españoles trabajan en Gibraltar. Para aterrizar en su aeropuerto necesitan la confirmación española, para amarrar en su puerto necesitan el permiso de Cádiz. Para subsistir, muchas veces necesitan una España que les abra su corazón y sus fronteras. Gibraltar, a fin de cuentas, es dependiente de España.
Pero, como opinión personal, no me parece justo que se les cerque a la “moderna”, mediante el cobro. Si los gibraltareños tienen que hacer vida en España y algunos españoles vida en gibraltar, necesitarán en muchas ocasiones usar sus vehículos para cruzar su frontera. Y a la vuelta tendrán que pagar, aunque sea un precio simbólico por regresar a sus hogares o por ir al trabajo. De alguna forma, pensándolo bien el comercio terrestre se resentirá y no todas las distribuidoras querrán surtir al peñón. El gobierno del pueblecito español que pretende llevar a cabo el cobro tendrá sus razones, muchas de ellas igualmente justas, pero creo que la solución no es atormentar a los lugareños del peñón. Bastante tienen ya con soportar la pugna entre ingleses y españoles como para ahora que no puedan salir y entrar tranquilos, en libertad.
Frontera española con Gibraltar (peñón al fondo).
En la imagen, la aduana de paso.
Fuente: Wikipedia Commons
No voy a ser yo quién se oponga a la medida, porque como digo ni me va ni me viene, ni estoy en contra ni a favor. No voy a ser yo quien demonice o angelice a ambas partes, que cada cual haga lo que quiera y que el asunto se lo coman con patatas fritas o con chips, si así lo prefieren los ingleses, entre los gobiernos de España, Ingleterra, Gibraltar y el ayuntamiento de la localidad. No es mi problema. Allá se las compongan. Lo que sí quería hacer es emplear mi derecho a la libertad de opinión y, como persona, expresar mis ideas respecto al asunto. Que uno lee y es libre, carajo. Que no acuso, como algunos pueden llegar a afirmar, aunque lo parezca. Solo me limito a decir lo que me parece justo, como cualquier otro ciudadano del mundo. ¿Que mi opinión  no es del agrado de un bando? Qué se le va a hacer, a aguantar mecha, como todos. Así que concluyo, que el tiempo pasa y las horas del día hay que repartirlas para muchas faenas. En mi opinión, no se debería cobrar nada por entrar en el peñón. Punto. Así de sencillo. Son gente libre al igual que nosotros que tiene la suerte o la desgracia, dependiendo a quién le preguntes de vivir en territorio hostil, en tierra de nadie pero a la vez de todos. Gente que debería tener el derecho a entrar y salir libremente, sin tener que pagar por volver a casa. Y qué decir de los españoles que cruzan la frontera para tener que trabajar. ¿Es que ellos también deben pagar el canon y los platos rotos, solo por tener trabajo en Gibraltar? Alguno pensará que soy hasta antiespañol, más inglés que aragonés, si cabe. Pues que esas personas piensen lo que quieran. Yo solo me dedico a ver la realidad y, aunque siempre he apoyado el Gibraltar español, rojigualda, no me parece bien cercar a los habitantes, sean cuales sean las razones mediante el cobro simbólico. Esa medida, de llevarse a cabo puede afectar más a los propios españoles fronterizos que al propio peñón. Ya no estamos en aquellos siglos en los que no había hermandad y España estaba en guerra con Inglaterra cada dos por tres. Ahora es tiempo de comportarse como miembros de una unión, la Europea. Creo, sinceramente, que para solucionar los problemas del pueblecito fronterizo, tan importantes como los de los demás pueblos, hay otras soluciones menos drásticas. Esto es todo, my friends.
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