SUEÑOS

¿En qué momento hemos tirado la toalla ante la sensación de incertidumbre y el miedo a no avanzar en la dirección correcta? La filosofía nos enseña que, aunque nos confundamos de sendero y nos perdamos en la oscuridad de nuestros corazones, siempre podemos volver a comenzar de nuevo y emprender la búsqueda del camino, porque nosotros somos la brújula que nos llevará hasta la verdad.

Soñar es recuperar la vida y levantar la vista para construirla.

Es un fragmento de mi nueva colaboración en Andalán, El espíritu del sueño , que ha salido hace poco. Pueden leerla pinchando sobre el título.

Publicado por David Lorenzo Cardiel

Autor. David Lorenzo Cardiel aúna desde la adolescencia su vocación filosófica con su pasión por la poesía, el ensayo y la narrativa.

4 comentarios sobre “SUEÑOS

  1. 1Seguro que lo que quieres decir es otra cosa de lo que significaría “superar la ideología, sepultar la política”.

    Seguro que tu intención es animar a quien te lee y que quien está decepcionado encuentre la forma de abrir puertas. Pero sepultando la política es imposible superar la ideología.

    Lo que necesitamos son espacios más abiertos, para que cada uno respire como necesite.

    La ampliación de los espacios son conquistas que el ser humano tiene escritas en la partitura de su historia. Hay momentos en los que se borran algunas notas porque quien tiene que interpretarlas no está a la altura, pero volverán a tomar conciencia en el momento oportuno.

    No es cierto que la filosofía no interese. Está ahí, forma parte de nuestro día a día. Y por eso se necesita el espacio de la política para contemplar la simpleza que dejamos atrás.

    Nos hacían comulgar con ruedas de molino y no teníamos argumentos para reconocer las mentiras de aquellos que hablaban en nombre de dios y quemaban a los filósofos.

    Afortunadamente luchamos porque el pueblo pudiera hablar o callar y se han conseguido muchos avances.

    El momento que estamos viviendo es extremadamente delicado. Por eso no es momento para soñar. Sabemos perfectamente que es fundamental una sanidad y una educación para todos y la política es la forma de conseguirla. Esto es pura filosofía.

    La consigna sería que cada uno actúe en el día a día con relación a cómo quisiera que actuasen los demás con él. Ya no vale mentir y confesarse con aquél que no va a sufrir las consecuencias de ese engaño.

    Bueno David. Ya sabes que a mí me gusta discutir.

    Gracias por provocar.

    Un fuerte abrazo.
    María

  2. Y a mí me encanta participar en todas tus discusiones.

    Digo en el artículo “superar la ideología” porque toda ideología es una adaptación de la realidad, pero no la realidad en sí misma. Esta adaptación se produce según unos intereses en unas circunstancias determinadas. Ninguna ideología, por muy cercana a la realidad que sea, es justa, ya que no concibe la realidad en su plenitud. Cada ideología es un dogma, exactamente igual que las religiones han creado los suyos, falseando la realidad, aunque la apelen. Las ideologías también lo hacen. Matan en nombre de una realidad que no es cierta, degradan la concepción de esa misma realidad. La realidad, en sí misma, no puede ser degradada, pero la visión del mundo que se tiene de ella, sí. Y si no se conoce abiertamente la realidad, puede hacerse muchísimo daño hasta que esto, tarde o temprano, ocurra.

    Cuando digo “sepultar la política” no me refiero a acabar con la política, sino a dejarla al margen, porque la política implica un juego de intereses que se aleja de la realidad. El diálogo lleva a la comprensión, pero el consenso se produce cuando ésta no existe. Hay que darse cuenta que para que exista “consenso” alguien tiene que estar no comprendiendo las cosas y presionando, según unos intereses, para forzar un pacto. Pero un pacto supone una cesión, y si esto se produce es que, por algún lugar, estamos siendo injustos. O uno está quitándole al otro lo que le corresponde o es ese otro el que se lo quiere quitar. Porque haciendo lo que es justo no tiene sentido “pactar” ni “oponerse”, sólo dialogar para llegar a la verdad y hacer lo que corresponde. Por eso la política es transitoria, según avanza la comprensión, porque deja poco a poco de tener sentido.

    Espero haberme explicado bien, María. Estas cuestiones hay que ir comentándolas con calma. Son muy extensas y enraizadas, unas con otras, y cuesta explicarse.

    Quiero decir que hay que mirar más allá de la democracia y de la política, y mucho más si hablamos de ideologías. Hay que seguir avanzando en la comprensión, el sentimiento y la justicia, y para conseguirlo hay que seguir buscando, sintiendo, comprendiendo y mirando más allá de nuestros horizontes. “Soñando”, construyendo el futuro. No podemos anclarnos en un juego político miserable que empobrece (y envilece) nuestro espíritu. No es la política quien hace avanzar al mundo, es la comprensión de la realidad. Sin los pensamientos, más o menos certeros, de los intelectuales franceses de los siglos XVII y XVIII, jamás hubiera cuajado la revolución francesa. No fue Napoleón quien ideó el sistema que dio final al Antiguo Régimen, sino todo ese pensamiento, que en el fondo, muy en el fondo, habían abierto las miras lo suficiente como para que la mecha de la injusticia encendida por Luis XVI y más tarde por Carlos X prendiera sin retorno.

    La política es transitoria. Es dependiente de la comprensión de las cosas. La comprensión, en cambio, lo es todo. Ella siempre nos lleva, aunque demos a veces muchos tumbos, hacia el camino correcto, sin daño y sin dolor, paso a paso.

    Por este motivo insisto en leer menos periódicos y más libros, en ver más cine o en, simplemente, reflexionar más para abrir nuestras mentes por encima de lo que tenemos. Si nos anclamos en una concepción mental, que encima no es completamente justa, nunca solucionaremos nuestros problemas. Sólo daremos tumbos, aparentes cambios que más temprano que tarde vuelven a desintegrarse para retornar al estado anterior que tanto esfuerzo había costado dejar atrás. Eso es lo que nos propone la política. En realidad hay que seguir mirando hacia adelante, porque todo sigue estando aún por construir.

    Y ya sabes que soy un poco crítico con aquello de que hemos conseguido “poder hablar de lo que queramos”. Realmente no, seguimos como al principio, sólo que aparentando que sí. Ahora la clave está en la enorme difusión que se aplica a las cosas. Antes, una idea rondaba por medio mundo y daba mucho juego de debate y acción. Ahora, la mayor de las explicaciones puede ser sencillamente sepultada por un gran número de ideas sueltas y casi siempre sin sentido. Hay muchas barreras para tratar de confundir a los receptores de esas ideas. Pero eso no evita que se sigan propagando, con mayor esfuerzo, y que poco a poco, persona a persona, las cosas se vayan comprendiendo y el mundo cambie.

    Era a esto a lo que me refería. Y por supuesto, quiero dar esperanza. Ése era el objetivo de la lectura.

    Creo que tienes razón y la filosofía sí que interesa. Quizás la cuestión sea a quienes y de qué manera, en general. Habría que profundizar un poco más.

    No sé si me dejo algo. Si no, regáñame, que me vendrá bien.

    Gracias por discutir conmigo. Para mí es agradabilísimo hacerlo. Y ya sabes que espero tu respuesta…

    Un gran abrazo,
    David

  3. Dices que “la política implica un juego de intereses que se aleja de la realidad”. Yo preguntaría ¿de la realidad de quién? ¿del pueblo como sociedad o del individuo?

    Cuando la política dirige el rumbo de la sociedad de espaldas a los derechos universales, efectivamente se aleja de la realidad. Pero ¿quién le da el poder a quien dirige? Todos y cada uno de los individuos que nos decimos pueblo.

    Yo como pueblo voto por aquellos que prometen aumentar mi bienestar. Como individuo actúo contradictoriamente. Miro primero por mi bienestar y me salto las normas cuyo cumplimiento es imprescindible para conseguir lo que he votado.

    Por eso la política NO es transitoria. Según avanza la comprensión, ADQUIERE TODO SU SENTIDO.

    Dices: Quiero decir que hay que mirar más allá de la democracia y de la política, y mucho más si hablamos de ideologías.

    Yo diría al revés. En la medida que comprendemos somos más solidarios porque sometemos a examen nuestros hechos comparados con nuestros dichos.

    Estoy de acuerdo en lo que expresas sobre la comprensión. Nos lleva hacia el camino correcto pero no sin daño ni dolor. La clave está en asumir ese sufrimiento en primera persona. Echándolo fuera se convierte en un monstruo que ataca a los demás, provocándoles muchas más penalidades, porque quien no ha parido esa pregunta no sabe cómo afrontar el vacío, inevitable, hasta encontrar la respuesta.

    En el fondo estamos de acuerdo. Y seguro que en la forma también. Lo que ocurre es que es difícil expresar por escrito los innumerables matices que se intercalan conversando.

    Una nota: Las mayúsculas no significan que grite.

    Hasta pronto David. Un fuerte abrazo
    María

  4. María, perdón por el retraso al contestar. Ya estoy de nuevo disponible.

    Comprender es sentir las cosas, y sentirlas implica conocerlas en lo que son, avanzando en la justicia.

    Precisamente según se avanza en esa comprensión, la política se va haciendo menos necesaria. ¿Por qué? Porque las cosas se van “viendo” ahora en toda su perspectiva. La política existe porque también existe una incomprensión de la realidad que conduce a intereses. Conociendo la realidad, ¿haría falta que ese alguien que sufre de desnutrición, por ejemplo, defendiera su necesidad de comer? Evidentemente no, porque al comprenderlo, ya se hace todo lo posible para que coma. ¿Es necesario, entonces, una diplomacia y una diferenciación de grupos? Piensa una cosa: tenemos muchísimos partidos políticos; la realidad, en cambio, es una y absoluta. ALGUIEN, por narices, tiene que estar siendo injusto, suponiendo, que es mucho suponer dada la poca comprensión que, en general, existe, que haya alguien que se refiera a la realidad en lo que es. ¿Estamos garantizando la justicia? No. La comprensión implica reciprocidad: quien comprende no hace daño, no limita, intenta ahogar por su interés al resto, no excluye, pero quien es excluido, o ahogado o limitado tampoco lo hace a la viceversa, por esa misma comprensión. Porque las cosas se ven (se sienten y se conocen) plenamente en lo que son.

    Quizás ahora me haya explicado mejor. Los problemas que nos conciernen no son políticos. Nunca son políticos. Nacen de la incomprensión, de la falta de conocimiento, y surgen según las circunstancias porque aún no se ha comprendido lo suficiente. Si hay déspotas y gobiernos que son capaces de negar el tratamiento que ha de salvar la vida a un niño enfermo de cáncer no es una cuestión política, aunque dentro de ese mismo juego de intereses sí se desarrolle a través de ella. Es un problema de comprensión social, aunque haya personas, muchas o pocas, que sí lo comprendan o sientan ese daño. Pero en el fondo, sigue sin comprenderse esa realidad, la sociedad, en general, sigue sin comprender, y sigue imponiendo sobre los demás. Y si sigue manteniéndose esa incomprensión, tarde o temprano también surgirá a través o no de la política.

    En resumen: luchar políticamente está bien, pero no podemos centrar como un TODO algo tan dependiente de la comprensión. Hay que mirar más allá, concebir las cosas en su plenitud para así alcanzar la justicia y el bien. Cuando se camina hacia la justicia ya no hace falta política, ni acuerdos ni concesiones, porque las cosas son lo que son, lo que es justo es lo que es, y si alguien necesita la ayuda no puede pactarse: la necesita, y de la manera que la necesite según las circunstancias, y hay que hacer todo lo posible por dársela. Y es inadmisible que un grupo político, porque no se lucra de ello, se enfrente y anule la necesaria ayuda o intimide a las personas que van a aplicarla al margen de la política. Cuando se comprende la realidad, cuando la comprendemos todos, cada uno sabe dónde está su lugar y el de las cosas. No hace falta, entonces, acuerdos ni pactos ni votaciones.

    Por eso digo que hay que mirar más allá. Si no avanzamos en la comprensión de la realidad NOS ESTANCAMOS. Y sin esa comprensión, por mucho que “veamos” la injusticia, ¿cómo resolverla? Si no se comprende en general, ¿cuánto tiempo tardará en surgir?

    No digo que no se luche políticamente pero, insisto, la lucha política no es el objetivo, el objetivo es la comprensión. Y sólo comprendiendo llegará un día que, lentamente, de forma “natural”, todas esas injusticias desaparecerán. Porque ya no tienen lugar una vez que hemos mirado más allá de nuestros horizontes.

    Espero haberme explicado mejor ahora. Gracias por discutir conmigo.

    Un fuerte abrazo,
    David

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