El blog de David L. Cardiel

"Toda verdad pasa por tres etapas. Primero, se ridiculiza. Segundo, se niega con violencia. Tercero, se acepta como manifiesta." [Arthur Schopenhauer] Fotografía de Ilya kisaradov.

Etiqueta: cultura

‘ARAGÓN CULTURA’, YA EN MARCHA

La cultura está de fiesta en Aragón. Acaba de presentarse la iniciativa Aragón Cultura, que aúna literatura, música, artes plásticas y visuales, cine y toda clase de ocio y de manifestaciones artísticas al alcance de los espectadores. Todas las noticias sobre autores y escritores, trepidantes e interesantes programas de radio y televisión y novedades por doquier os esperan.

Os dejo el enlace a la cuidada ficha de autor que me han dedicado, donde encontraréis entrevistas y actualidad sobre mi actividad literaria. ¡No os la perdáis!

David Lorenzo Cardiel – Autores – Aragón Cultura

‘AMISTAD’, POEMA INÉDITO PUBLICADO EN REVISTA TURIA

La prestigiosa revista Turia publica en su versión digital uno de mis poemas inéditos, Amistad.

Muy agradecido.

 

Pueden leerlo clicando en el siguiente enlace:

Amistad – Revista Turia

 

 

HOMENAJE-RECITAL A EMILIO GASTÓN (23.06.2018)

La tarde del pasado 23 de junio fue tan emotiva como especial. Más de sesenta artistas nos reunimos en el museo Pablo Gargallo de Zaragoza para rendir homenaje, desde el cariño y el recuerdo, al gran poeta, escultor, jurista, primer Justicia de Aragón y nubepensador Emilio Gastón. Gracias de corazón a Mari Carmen Gascon y a todos aquellos que han trabajado en organizar este acto tan hermoso. Las palabras de Emilio, forjadas en voz y verso, volaron raudas para habitar y alimentar el espíritu de quienes estuvimos allí. Y sus libros encontraron manos amigas que los mantendrán vivos.

Os dejo algunas instantáneas del acto. También comparto con vosotros la maravillosa visita virtual de la exposición Libros con versos, en la que numerosos libros del legado del gran Emilio Gastón fueron transformados en obras de arte. La visita virtual es obra de Antonio Mayo (más sobre el trabajo de Antonio Mayo, clicando aquí). Podéis realizarla clicando en el siguiente enlace:

 

Visita virtual a la exposición Libros con versos

 

Cartel de la exposición y el acto en recuerdo y homenaje de Emilio Gastón «Libros con versos», que tuvo lugar en el museo Pablo Gargallo de Zaragoza el pasado 23 de junio.

 

 

‘TIERRA DE NADIE’, EN ‘BUENOS DÍAS ARAGÓN’ (04.05.2018)

Esta mañana he recibido un feliz regalo: el polifacético y talentoso escritor y periodista Juan Luis Saldaña (al que os sugiero que sigáis y que leáis) recomienda Tierra de nadie en el magacín matinal Buenos días Aragón, de Aragón Televisión, como uno de los libros imprescindibles que no deben perderse de vista -ni de lectura-. Os dejo el programa entero, donde podréis encontrar la recomendación de Juan Luis a partir del minuto 1:49:50.

 

Buenos días Aragón (04.05.2018). A la carta. Aragón Televisión.

 

ENTREVISTA EN ‘HERALDO DE ARAGÓN’ (02.05.2018)

«Vivimos tiempos frenéticos, donde el silencio, la humildad, la serenidad y la reflexión están siendo terriblemente arrinconados en la sociedad. Nos expresamos a golpe de tuit, de clic, de impulso. De reacción. Nuestro mundo social está prácticamente detenido. No hay futuro, hay una réplica del presente que aspira a ser eterna, solo animada mediante sutiles cambios tecnológicos que nos hacen vivir el espejismo de progresar.»

El gran Antón Castro me entrevista para Heraldo de Aragón, en su edición digital e impresa. Hablamos de Tierra de nadie, de poesía, de creación literaria, de referentes y de referencias, pero también de filosofía, de la búsqueda antediluviana de aquellos elementos vitales que sentimos y reconocemos como hogar, de la alegría.

Mil gracias, Antón.

Podéis leer la entrevista clicando aquí o, si no se leyese bien en el primer enlace, aquí.

Fotografía realizada por Marcos Cebrián en el Centro de Artesanía de Aragón.

EL CAMINO DE LA AUSTERIDAD

Cuando el bueno de Tolstói promulgó su pensamiento sobre la relación entre felicidad y vida lo hizo con un sólo motivo: que a la humanidad le entrara algo de razón y comprensión acerca de adónde nos dirigimos. Por supuesto, el pesado, el cansino de León Tolstói escribió sus obras durante la segunda mitad del siglo XIX, así que llevaba una agradable ventaja frente a los librepensadores que tendrían que venir después.

Tolstói era un tipo de trinchera y eso me gusta. Quizás se ponía un poco pedante cuando se alargaba con alguna gran obra y la terciaba con un pequeño ensayo o con alguna disertación con ademanes de homilía de misa mayor para terminar de redundar lo redundado. Por ejemplo, al final de Guerra y paz, cuando escribe un muy interesante pero innecesario ensayo acerca de la guerra y el poder. O en Anna Karénina y la parte en la que a Kostia se le iluminan las ideas y llega a su casa, coge a su esposa Kitty y le suelta que acaba de descubrir el verdadero sentido de la felicidad: la vida sencilla.

Vale, León, te pasaste. Ya habían quedado claras todas estas ideas en las actitudes de los personajes del príncipe Andrei, Pierre y Kostia respectivamente en ambas novelas. Lo hiciste un poco mejor en Resurrección, pero aún así, lo que agita verdaderamente el alma, lo que provoca que cerremos el libro y nos dejemos llevar por lo que acabamos de leer son precisamente los hechos de la narración. Lo sabías muy bien, si no no se explica que hubieras escrito obras de arte como La felicidad conyugal, El cupón falso o la so called Hadjí Murat. Quizás el tiquismiquis sea yo y no tú, a pesar de que me encantan esos anexos en los que las cosas quedan bien claras. Para muchos, en ocasiones también para mí, son redundancias, pero pensado para un gran público, que difícilmente analiza cada idea sino que se traga las páginas en transversal, un pequeño ensayo al final del libro o una serie de escenas aparentemente innecesarias e incluso forzadas donde se explican las tesis meticulosamente tejidas en la narración es imprescindible para que por lo menos un trocito de la esencia de los libros logre quedar en la mente de cada lector. Es el precio a pagar entre escribir quinientas páginas de ensayo filosófico y narrar para dejar las cosas claras. En la virtud del término medio se encuentra la ficción que acaba con ensayo, que no termina de ser del todo ficción ni absolutamente ensayo, sino que son como los cuentos con moraleja que el viejo Tolstói les contaba a sus nietos.

Y más cercano al cuento hay un breve relato que apenas ocupa nueve páginas en pdf que se titula ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, en el que la idea de la felicidad, la vida y su relación con la vida sencilla no está ensayada sino narrada a través de la actitud de Pajom. Pues bien, por si Tolstói no hubiera sido suficientemente explícito en el cuento, a pesar de haber dado la lata con capítulos teóricamente innecesarios para lectores que no sean chimpancés, después de haber escrito, divulgado y soltado discursos (entrevista incluida del gran Chéjov por en medio) hasta el final de su vida, parece que no ha quedado claro qué puñetas nos quería decir Tolstói a juzgar por artículos como el que accidentalmente me he encontrado en el número 92 de la revista Mente Sana que justifica en el breve cuento de Tolstói la redención de la torpe e ingenua ciudadanía en manos del adoctrinamiento de la austeridad. De hecho, el artículo comienza con las siguiente autoexplicación (auto porque parece que sea el firmante quien intenta convencerse a sí mismo más que convencer a los potenciales lectores). Las negritas son mías:

El camino de la austeridad, una actitud vital llena de dignidad y gozo. 

La austeridad, bien entendida, nos recuerda que podemos progresar continuamente, pero hacia adentro. Más que un fin, es un camino que haya sus recompensas en los goces y lujos más cotidianos y sencillos, alejados de la sobreabundancia material y de los deseos sin fin que caracterizan nuestra sociedad.

Vayamos por partes. Si buscamos austero en la web de la RAE, obtenemos los siguientes resultados:

austero, ra

(Del latín austerus y del griego αστηρς)

1. adj. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral.

2. adj. Sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes.

3. adj. Agrio, astringente y áspero al gusto.

4. adj. Retirado, mortificado y penitente.

Hay dos acepciones intercaladas: el significado tradicional, que generaliza la austeridad como la actitud propia del hombre sencillo, entendido sencillo en occidente como la persona que roza o supera la tacañería y la mezquindad; o el sentido de retirado, mortificado y penitente, o sea, la actitud del amargado, que lucha por limitar la vida de los demás porque es incapaz de vivir la suya propia. La austeridad, bien entendida, y sin necesidad de aclaraciones por parte de la RAE, es pobreza, limitación y actitud roñosa y desconsiderada, toda una recatada y fina apología de la espiritualidad y el progreso humano.  Ser austero no es un camino hacia la felicidad y el gozo, es el estancamiento de la humanidad en su propio lodazal ontológico, que incapaz de alcanzar la felicidad y conocerse a sí mismo decide fundamentarse en la avaricia para resarcirse sobre el mundo. Los austeros ni son humildes ni son sencillos, son pedantes avariciosos que encuentran su superioridad moral en la pobreza ajena. Un hombre sencillo, el hombre que defendía Tolstói, no buscará excusar los recursos sino que cada cual tenga lo justo y necesario en cada momento de su vida y acorde a su condición, sin promulgar el exceso ni la carencia. Un austero se vanagloria de ver hambre entre sus congéneres, mientras un hombre sencillo sólo deseará la felicidad del mundo antes que la suya propia. Concluyendo, que es gerundio: la austeridad es justo la actitud inversa a la defendida por León Tolstói.

Y aquí se abre otro asunto que me preocupa: las ideologías, como toda postura falsa y alejada de la realidad, necesita basarse en doctrinas de pensamiento que o bien se correspondan por falsedad con sus intereses o, en caso extremo, puedan ser malinterpretadas, manipuladas y readaptadas para sus propósitos. Todas las grandes ideologías han buscando una base intelectual como argumento de impunidad moral ante su barbarie. Es la manera que tienen de adentrarse en la cultura y crear un argumento de valor sobre su idiosincrasia y sobre la masa que tienen que someter.

Tolstói no es el único al que se le toman las ideas a la bartola. Un caso típico de pensador transvalorado es Friedrich Nietzsche, un tipo presuntamente majo con el que se podían tomar unas cañas aunque deseara un holocausto nuclear, si hubiera llegado a conocer la existencia de la bomba atómica. En su obra El Anticristo, por ejemplo, separa las enseñanzas de Jesús del discutible proceder de la Iglesia, postura no sólo acertada sino verdadera. Así habló Zaratrustra es una apología del dolor personal ante un mundo humano degradado que reniega de Dios y del significado de Dios, al que ha apartado de su espíritu y cuya presencia y existencia toma en vano justificando en él los crímenes de la sociedad. Nietzsche, que ironizaba contra antisemitas como su amigo Richard Wagner o su cuñado, es ahora el símbolo y el fundamento de ideologías extremistas. Parecido, aunque menos tergiversado, el caso de Karl Marx y el truhán de Engels, dos burgueses fiesteros y desenfrenados que tampoco se tomaban muy en serio aquello de la dictadura del proletariado.

Ahora parece ser que se quiere emplumar a Tolstói el fundamentalismo de la dictadura de la austeridad. Si estamos desprotegidos y están adulterando la verdad y nuestras palabras, y están golpeándonos destruyendo nuestras vidas, leamos a Tolstói y a Saint-Exupéry. Dejemos de leer la sección de política de los periódicos, apaguemos la tele, dejemos a Rajoy hablando sobre sus intrascendencias. Que legislen, que muevan ficha, que censuren. Defendamos nuestra vida, la vida sencilla de la felicidad y el presente de nuestros sueños, construyámoslos, ayudemos con nuestras manos, no dejemos a nadie desamparado, transformemos nuestro entorno y cambiemos para siempre el devenir del mundo. Sin rencores, ni pataletas, ni dictaduras ni golpes de decreto. Todo está en nuestras manos. Conocer la verdad, también. Vayamos a coger las ciruelas que nos ofrece la vida antes que se acabe el verano y la nieve vuelva a cubrirlo todo un invierno más.

PEQUEÑAS COSAS SIN IMPORTANCIA

No lo digo yo, lo dice Cecilia a través de la voz de la estupendísima Eva Amaral:

Nada de mi, nada de ti
una brisa sin aire soy yo
nada de nadie.

Si algo sabía la dulce Cecilia es que la vida se construye de pequeños detalles que apenas somos capaces de percibir. Porque nosotros nos centramos en las cosas grandotas o, más bien, en las urgentes, en sobrevivir en una sociedad selvática de la mejor manera posible sin sucumbir en el intento. A veces no cuenta la derrota, sino la consecuencia que pueda conllevar. Es sencillo acabar perdonándose uno mismo cuando ha realizado todos los esfuerzos que podía llegar a realidad, pero es casi imposible hacerlo si el dolor apaga los ojos de las personas a quienes amas. Por eso, en esta mundana vida moderna, donde la existencia ha sido denostada hasta el último escalafón del oportunismo, y el tiempo vital de las personas es exprimido para el fútil beneficio ajeno, es casi imposible fijar la atención en las pequeñas cosas.

Claro está que fijarse en los detalles es comprenderlos, y comprender su esencia y fundamento es sentir el espíritu del mundo en nosotros. Ya no son tiempos para filósofos ni artistas que tratan de abrir los ojos a la humanidad. Ahora únicamente sirve la producción, el capital humano convertido en materia prima para la transformación del irracional e intangible capital monetario. Ahora no mandan las letras, sino los números. La democracia es su dictadura. Si se tuviera en cuenta nuestra realidad humana no se aplicaría un modelo laboral que nos somete como seres, sino una actividad que nos complemente y nos libere, capaz de llenarnos como personas y satisfacernos en nuestras ansias por vivir.

Porque sí, tenemos ansias por vivir. Hasta quienes niegan tenerlas desean vivir. Deseamos abrazar cada burbuja de espuma de mar y dejarnos transportar en cada bocanada de aire que nos regala la vida. Queremos sentirnos y amarnos, y sentir y amar a todo lo que nos rodea; devorar la incertidumbre y escupir sobre la racionalidad de los malditos números que nos extorsionan con la rotundidad de sus cifras mientras esclavizan nuestra existencia. Las matemáticas son sólo un intento banal por controlar a la vida y a las personas, incapaces de descubrir el sentido de la realidad que nos rodea. Nuestra sociedad plantea la eterna voluntad de poder donde todo es consumido en el delirante deseo de alcanzar sucesiones irrealizables de infinitas metas que devoran el tiempo del mundo. La existencia está hecha para contemplarla y recorrerla a nuestro ritmo vital. Nuestro destino es y siempre será nuestro camino, y por ello nuestra felicidad se encuentra en los pequeños detalles que constituyen el trayecto de nuestras vidas.

No somos nada de nada. Tan sólo un suspiro en cada amanecer. Pero lo que somos es necesario defenderlo. Somos personas, somos pequeñas gotas de lluvia desprendiéndose sobre el viento y la hierba. Queremos entregarnos a cada caricia y beso, a cada paseo por la playa y que el viento de nuestra imaginación nos meza en el eterno amanecer de nuestra alma, antes que hayamos recorrido nuestro camino y nuestros recuerdos se transformen en semillas cultivadas en nuestros sueños para que germinen en los corazones del mañana.

Vivir es girar frenéticamente en nuestro avanzar, detenernos y sentarnos en la linde de nuestros pasos para habitar la palabra del mundo hasta fundirnos en las entrañas del tiempo y de la vida.

TIERRA Y FUEGO

Une fois de plus, j’ai côtoyé une vérité que je n’ai pas comprise. Je me suis cru perdu, j’ai cru toucher le fond du désespoir et, une fois le renoncement accepté, j’ai connu la paix.

Tout est paradoxal chez l’homme, on le sait bien. On assure le pain de celui-là pour lui permettre de créer et il s’endort, le conquérant victorieux s’amollit, le genéreux, si on l’enrichit, devient ladre. Que nous importent les doctrines politiques qui prétendent épanouir les hommes, si nous ne connaissons d’abord quel type d’homme elles épanouiront. Qui va naître? Nous ne sommes pas un cheptel à l’engrais, et l’apparition d’un Pascal pauvre pèse plus lourd que la naissance de quelques anonymes prospères.

L’essentiel, nous ne savons pas le prévoir. Chacun de nous a connu les joies les plus chaudes là où rien nes les promettait. Elles nous ont laissé une telle nostalgie que nous regrettons jusqu’à nos misères, si nos misères les ont permises. Nous avons tout goûté, en retrouvant des camarades, l’enchantement des mauvais souvenirs.

Que savons-nous, sinon qui’il est des conditions inconnues qui nous fertilisent? Où loge la vérité de l’homme?

La vérité, ce n’est point ce qui se démontre. Si dans ce terrain, et non dans un autre, les orangers développent de solides racines et se chargent de fruits, ce terrain-là c’est la vérité des orangers. Si cette réligion, si cette culture, si cette échelle des valeurs, si cette forme d’activité et non de telles autres, favorisent dans l’homme cette plénitude, délivrent en lui un grand seigneur qui s’ignorait, c’est que cette échelle des valeurs, cette culture, cette forme d’activité, sont la vérité de l’homme. La logique? Qu’elle se débrouille pour rendre compte de la vie.

Quelques-uns de ceux qui ont obéi à une vocation souveraine, qui ont choisi le désert ou la ligne, comme d’autres eussent choisi le monastère; mais j’au trahi mon but si j’ai paru vos engager à admirer d’abord les hommes. Ce qui est admirable d’abord, c’est le terrain qui les a fondés.

Les vocations sans doute jouent un rôle. Les uns s’enferment dans leur boutiques. D’autres font leur chemin, impérieusement, dans une direction nécesaire: nous retrouvons en germe dans l’histoire de leur infance les élans qui epliqueront leur destinée. Mais l’Historie, lue après coup, fait illusion. Nous avons tout connu des boutiquiers qui, au cours de quelque nuit de naufrage ou d’incendie, se sont révélés plus grands qu’eux-mêmes. Ils ne se méprennent point sur la qualité de leur plenitude: cet incendie restera la nuit de leur vie. Mais faute d’occasions nouvelles, faute de terrain favorable, faute de réligion exigeante, ils se sont rendormis sans avoir cru en leur propre grandeur. 

Que en cristiano de las tierras hispanas viene a ser:

Una vez más me topé con una verdad que no supe comprender. Me encontré perdido, creí alcanzar el límite de mi desesperación hasta que, una vez que acepté la renuncia a comprender, encontré la paz.

Todo es paradójico en el ser humano, lo sabemos bien. Le aseguramos el pan a alguien para permitirle crear y se duerme, el conquitador victorioso se ablanda, el generoso, si se enriquece, se vuelve un roñoso. Que nos importan las doctrinas políticas que pretenden abrir a los hombres, si no conocemos de antemano qué tipo de hombre abrirán. ¿Quién va a nacer? No somos un rebaño dominable, y la aparición de un Pascal pobre pesa más que el nacimiento de algunos personajes ricos.

La clave, no podemos preveerlo. Cada uno de nosotros ha conocido las alegrías más intensas allí donde no pensaba encontrarlas. Ellas nos han dejado tal nostagia que echamos de menos hasta nuestras miserias, si nuestras miserias lo permitieron. Probamos todo,  encontrando de nuevo a nuestros compañeros, el encanto de los peores recuerdos.

¿Qué sabemos nosotros sino que son condiciones desconocidas las que nos impulsan? ¿Dónde albergamos la verdad del ser humano?

La verdad no es en absoluto aquello que se demuestra. Si en este terreno, y no en otro, los naranjos desarrollan raíces sólidas y se llenan de naranjas, aquel terreno será la verdad de los naranjos. Si esta religión, si esta cultura, si este tipo de valores, si esta clase de actividad y no cualquier otra, favorecen en el ser humano dicha plenitud y descubren en él a un gran señor que se ignoraba es que este tipo de valores, esta cultura, esta clase de actividad, son la verdad del hombre. ¿La lógica? Que se ocupe ella de rendir cuentas de la vida.

Algunos obedecieron a una vocación suprema, que escogieron el desierto o la línea, como otros han eligieron el monasterio; pero habría traicionado mi objetivo si me detengo a convenceros de admirar a los hombres. Aquello que es admirable de antemano es el terreno que les ha modelado.

Las vocaciones juegan sin duda un papel. Los unos se enclaustran en sus tiendas. Otros, realizan sus caminos de manera imperiosa en una dirección necesaria: encontramos en la historia de su infancia los rasgos que implicaron su posterior destino. Pero la historia, leída fuera de tiempo, da el pego. Todos hemos conocido tenderos que, en el transcurso de una noche de naufragio o de un incendio, se mostraron más grandes que como ellos se pensaban. Ellos no se percatan de su plenitud: aquel incendio será por siempre la noche de su vida. Pero por falta de nuevas oportunidades, por falta de un terreno favorable, por falta de una religión exigente, ellos se durmieron nuevamente sin haber creído en su propia grandeza.

[Terre des hommes, Antoine de Saint-Exupéry, original editado por Folio en 1939]

Y así pasamos nuestra vida, girando como en una noria sin retorno, sin conocer la grandeza que habita en nuestros corazones. Pasa el tiempo, y la vida, y las oportunidades para abrir nuestra alma. Es en ese momento cuando, atormentados ante la evidente falta de aplomo para desenterrar nuestra grandeza, justificamos en el mundo la raíz de nuestras desgracias. Pero siempre habrá una noche de incendio o de naufragio en la que liberar por siempre nuestra grandeza de cuyo recuerdo no podremos escondernos. Somos más capaces de hacer realidad nuestros sueños de lo que creemos. La humanidad y la capacidad para sentir habitan en nuestra esencia. Otra cosa es que prefiramos arremolinarnos en la idea de incapacidad y seguir echando la culpa al mundo. El asqueroso mundo. El que siempre nos traiciona.

Por mi parte, voy en busca de mi grandeza. Nada como comenzar de nuevo con una cita del bueno de Saint-Exupéry. Pocas voces he leído tan acertadas y con tan buen criterio de la realidad como la del piloto francés. Léanlo, háganle caso, merece la pena.

COMO UNA FLOR DESESPERADA

Poema en honor a la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou (1892-1979) inspirado en el poema homónimo Como una flor desesperada.

“Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.”
 
[Federico García Lorca]

La quiero, con el hueso
con la sangre
con el ojo que suspira,
con el aliento que mira
con este corazón
preso y caliente
anclado en la frente
que inclina el pensamiento,
y con el sueño obseso
de mi amor que copa
el sentimiento
desde la breve risa
                hasta el lamento
desde su beso hasta la herida bruja
en la que mi vida es de ti
tributaria
tumulto o solitaria
como una sola flor desesperada.
 
Depende, de ella
como del leño duro
la orquídea o la hiedra sobre el
muro
que sólo en ella, levantada,
respira.
 

(c) David Lorenzo Cardiel

Fotografía: “Woman on park bench”, Central Park of New York City, 1957, del fotógrafo norteamericano Yale Joel.

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PALABRAS

Las palabras vienen y van. Se usan, se estrujan y a veces, hasta se tiran. Las palabras no definen el mundo como aseguran los postmodernos. Las palabras referencian cada elemento que forma parte de la realidad permitiendo sostenerlo en nuestros labios. El prodigio de la humanidad no es hablar para comunicarse, sino reflexionar y sentir la vida para poder contenerla en nuestros corazones.

Las palabras son el mejor espejo de la humanidad. Cada época tiene las suyas. Un historiador moderno que pretenda triunfar en su entorno académico no puede explicar un proceso humano si no introduce un término del campo semántico de la economía. Convivimos día a día con cientos de términos que tratan de marcar el ritmo de nuestra existencia, y nos zambullimos en un océano de vocablos cuyo sentido y fundamento hemos asimilado en un falso ritmo de cotidianeidad. Sentimos que nuestro lenguaje es libre, a pesar  que algunas palabras están encadenadas al infortunio del desuso. Un lingüista explicaría que los idiomas evolucionan según las necesidades de sus hablantes, pero lo cierto es que desconocemos qué necesitamos realmente. ¿Podemos permitirnos asesinar el amor? ¿Es posible identificarnos con una actitud económica que trata de aniquilar el escaso pedazo de humanidad que sobrevive en nosotros? Hemos sacrificado las palabras para quedarnos con las cifras, y con ello hemos dejado de pensar para dejarnos arrastrar por la corriente del relativismo.

A la ciencia le falta filosofía para encontrar sus palabras. Buena parte de los investigadores son incapaces de dominar un estilo de escritura sencillo y eficaz que les permita expresarse con riqueza conceptual. No es falta de educación, es falta de reflexión. Incapaces de mirar el mundo por sí mismos, vacíos de sentimientos que promuevan el pensamiento, no encuentran palabras que describan su entorno porque no tienen nada que describir. De hecho, faltan adjetivos, no sustantivos. Sabemos diferenciar una escalera de un vaso, pero no explicar con humildad y certeza los fundamentos atómicos que provocan la diferencia entre ambos objetos. Nada está fuera del alcance de nuestro intelecto, pero concibiendo el mundo como un ente complejo e inabarcable nos sentimos protegidos ante la escasez de pensamiento. Todo es cuestión de matices, y en los matices está la verdad. Un beso, una caricia, una palabra en el momento preciso y se hace la vida. Un alma se ilumina con un suspiro de amor. La gravedad tan sólo necesita una insignificante partícula para juntarlo todo.

Sin embargo seguimos pensando que es mejor calcular que sentir, que es más seguro dejarnos marear por la infamia social que alcanzar nuestros sueños aunque la corriente empuje en contra. Si viviéramos la vida a través de nuestros sentimientos alcanzaríamos la energía vital necesaria para atravesar las barreras ideológicas en un efecto túnel de verdad. El opuesto al conocimiento no es el desconocimiento, sino la incertidumbre. Por eso las pelis de terror ocultan el rostro del mal. Precisamente por eso se quedan siempre los necios y escapan los corazones nobles. No es una fuga de cerebros, sino una puesta a salvo de la humanidad.

Platón y su caverna, Tomás Moro y Enrique VIII, guillotina contra verdad. Adoctrinamiento proletario contra humanismo. Materialismo darwinista contra kropotkinismo. La ayuda mutua del humanismo ruso contra la idea pseudocientífica de supervivencia. ¿Hechos probados? Tan solo palabras. Cada cultura escoge sus héroes, aunque a algunos les toca siempre habitar en el olvido. Revoluciones y contrarrevoluciones, pensamientos que separan personas y abrazos dialécticos que las aúnan. Palabras que se quedan para siempre en el horizonte de nuestra existencia.

Podemos cambiar el mundo con una palabra. Las palabras son pájaros que vuelan con el viento fraguando un mundo en cada espíritu. Alcémoslas bien alto hasta alcanzar el futuro que nos espera.

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