LA AMISTAD

Cuando estamos tristes, es dulce acostarnos en el calor de nuestro lecho, y en él, suprimidos todo esfuerzo y toda resistencia, con la cabeza misma bajo las mantas, abandonarnos por completo, gimiendo, como las ramas bajo el viento de otoño. Pero hay un lecho mejor aún, lleno de olores divinos. Es nuestra dulce, nuestra profunda, nuestra impenetrable amistad. Cuando el lecho está triste y helado, acuesto en él, friolento, mi corazón. Enterrando hasta mi pensamiento en nuestra cálida ternura, sin percibir ya nada del exterior y sin querer ya defenderme, desarmado, pero, por milagro de nuestro cariño, inmediatamente fortificado, invencible, lloro por mi pena, y por mi alegría de tener una confianza donde encerrarla.

[Marcel Proust, Los placeres y los días]

Necesitamos lechos donde llorar tranquilos. Nos empeñamos en renunciar a las lágrimas, en arrinconarlas en lo más profundo del ser y sumergirnos en las aguas heladas de un océano que nos ha de devorar. Los griegos comprendieron que el llanto es un elemento más de la humanidad, como lo puede ser una carcajada, una mirada o un beso, e hicieron de ella un rasgo significativo de su mundo. La tragedia griega no sería tragedia sin viajes imposibles, amores prolongados hasta la eternidad y el llanto ante la pérdida y las ruinas de la amistad y el cariño mutilados. Pero nunca, jamás, el llanto es símbolo de derrota, de hecatombe, de hundimiento. El llanto es el final de un camino que abre el rasgo infinito del que ha de continuarse. Una inflexión en el camino, un hasta luego en la inmortalidad, un corte de pelo desesperado, un rito que ha de repetirse hasta el último suspiro. Comprender que la tristeza no es un mal ni un símbolo de derrota sino algo tan arraigado al ser y tan necesario como el primer paso del caminante al emprender de nuevo su propia senda, un gesto de valentía al que cruelmente hemos renunciado, es vital para no dejar de ser nosotros mismos y acabar destruidos, desde nuestro arraigo profundo, y condenados a vagar por la vida como sombras perseguidas por el sol del amanecer.

Llorar también es una forma de mirar hacia adelante. Dejen llorar tranquilo a quien lo necesite. Y arrópenle, pero no lo hagan para enterrar su sufrimiento, sino para calmarlo en la amistad y el amor, en la comprensión y en el sentimiento y la verdad. No cometan el error de secar las lágrimas de donde todavía brota la vida.

Publicado por David Lorenzo Cardiel

Autor. David Lorenzo Cardiel aúna desde la adolescencia su vocación filosófica con su pasión por la poesía, el ensayo y la narrativa.

8 comentarios sobre “LA AMISTAD

  1. Te contaré un recuerdo de mi niñez. De pequeña los disgustos acababan en lloro “hipado”. No me gustaba nada. Me preguntaba por qué no podían discurrir mis lágrimas serenamente. Tenía la sensación de que el problema tropezaba con ese “hipo” descontrolado y era más difícil salir del conflicto. Finalmente pude llorar silenciosamente y se lo agradecí a mi naturaleza.

    Otro de mis sueños (oníricos) fue éste: “Estaba agotada. Apenas podía levantarme de la cama, pero tenía que atender a mis dos niños. Un amigo que estaba a mi lado (desconocido en la vigilia) me dijo: “Tranquila, yo me ocupo de ellos. Cuando te repongas deberás hacerte cargo de lo que te corresponde, incluido este momento”. Me desperté tranquila.

    Las miserias de los demás sólo resultan insoportables porque descubren las propias. Pero en el cálido hogar del amigo podemos desnudarnos, proyectarnos. Nos permite, por un momento, transferirle nuestra sombra.

    Amigo es aquél que afronta su soledad y desde ese heroísmo puede darnos cobijo con la absoluta seguridad de que mantendremos intacta su independencia.

    En la danza de la Amistad, cada uno está siempre en el lugar que le corresponde.

    Un abrazo, David, por estar ahí.
    María

  2. Así es, María. ¡Genial! Eso es justo lo que pretendía decir. Un amigo tiene que tratar de ayudar, no intentar tapar el sol con un dedo fingiendo que no existe.

    En los funerales se aprecia mucho esta distinción. La gran masa de deudos actúa por convención, sin sentir lo que dicen, sin aliviar ni acompañar, sólo fingiendo unos sentimientos que no tienen. Pero entre ellos, ocultos, silenciosos, apartados, dejándole respirar y tomarse su tiempo están los amigos. Observan, miran y sufren por verte sufrir. Y no tratan de consolarte, sino de acompañarte.

    Me alegra mucho de que te hayan gustado mis líneas. Gracias a tí por estar al otro lado leyendo y respondiendo.

    Un abrazo
    David

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  4. ¿Y las que no sabemos inglés?
    Podías hacer una traducción simultánea.

    (sonrisa) y abrazos
    María

  5. Jajajajajaja Tienes toda la razón. Con el permiso de Kenny:

    Kenny: Hola! Es un artículo hermoso. Tengo una web similar a la tuya y se me había ocurrido utilizar tu artículo en mi página, si me lo permites.

    Un servidor: De acuerdo, no me importa siempre y cuando enlaces la fuente de la que procede e incluyas mi nombre en tu publicación.

    Un abrazo
    David

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