ALGO DE QUE HABLAR

Rinette,

Soy verdaderamente un distraído, sin excusa posible, ya que llevo conmigo tu relato pero debo a mi olvido la fotografía de un lugar encantador, por esto no echo nada de menos.

Quise llamarte el domingo para presentarte, al fin, excusas, pero no estabas en casa y por Madame Saussine me enteré del luto que te aflige. Rinette, no puedo hacer otra cosa más que reiterarte mi vieja amistad y decirte cuán cerca de ti estoy en mi corazón.

Asistí ayer por la noche al triunfo del hermoso Eusebio. Explicaba ante una sala repleta de gente cómo se escalan montañas más puntiagudas que agujas de campanario. Hablaba negligentemente de su heroísmo y las viejas damas se estremecían. El relato era bastante bueno pero las descripciones, Rinette… Daba a las «cimas sublimes», al cielo, a la aurora, a las puestas de sol dulzuras de mermelada, de caramelo. Las agujas eran rosadas, los horizontes lechosos y las rocas doradas por los primeros rayos de sol. El paisaje parecía comestible. Al escucharle pensaba en la sobriedad de tu cuento. Tienes que trabajar, Rinette. Destacas muy bien el elemento particular de cada cosa, aquello que le da vida propia. Los objetos, en la narrativa de Eusebio, permanecen abstractos. Se trata de «la Cima, la Puesta de sol, la Aurora». Salen del almacén de accesorios. Cuanto más abundan en su descripción más impersonal resulta.

Es el método que es malo o, mejor, la visión, que está  ausente. N0 se debe aprender a escribir, sino a ver. Escribir es una consecuencia. Él toma un objeto e intenta embellecerlo. Los epítetos son capas de pintura. No destaca lo esencial sino que añade elementos arbitrarios. A propósito de una aguja hablará de Dios, del color malva y de las águilas. Entonces uno se siente sucesivamente enaltecido, enternecido y aterrorizado. Es un truco. Hay que decirse: «¿Cómo voy a transmitir esta impresión?». Y las cosas nacen de la reacción que te provocan, son descritas en profundidad. Solamente así deja de ser un juego. Te hablo de Eusebio porque sus defectos ponen de relieve las cualidades que tienes y que debes cultivar. Parte siempre de una impresión. Es imposible que sea banal. Habrá una cohesión íntima en tu relato. No estará hecho de retazos. Ve cómo los monólogos más incoherentes de Dostoievsky dan la impresión de necesidad, de lógica, mantienen un ritmo. La conexión es interna.Y observa cómo los personajes de tantos otros, cuya psicología bien estructurada podría mostrarse coherente, permanecen arbitrarios en sus expresiones y en sus actos a pesar de una lógica externa. Se trata de construcciones ficticias, como las montañas de Eusebio. No se crea un ente vivo atribuyéndole cualidades y defectos y haciendo que de ello surja la novela, sino expresando las impresiones vividas.Una emoción aun sencilla, como la alegría, es demasiado compleja para ser inventada si uno no quiere contentarse con decir de su héroe que «estaba alegre», con lo cual no expresa nada, no es personal. Una alegría nunca se parece a otra.Y es justamente esta diferencia, esta vida propia de cada alegría lo que hay que expresar. Pero ahí se puede caer en la pedantería, querer explicar esta alegría. Hay que expresarla a través de sus consecuencias, de las reacciones del individuo. Entonces no es necesario decir «estaba alegre», esta alegría brotará de sí misma con su identidad propia, como una determinada alegría que experimentas y a la que no puede aplicarse con exactitud adjetivo alguno. Si opinas que la palabra alegría basta para expresar lo que siente tu héroe, es que es ficticio, es que no tienes nada que decir.

Me siento ridículo, voy a terminar. En la pequeña taberna desde la que te escribo un piano mecánico fabrica una musiquilla sentimental. La cajera bailotea de un lado para otro. El dueño, vacío de deseos, bosteza. El camarero revolotea a mi alrededor carraspeando porque soy su último cliente y tiene sueño, todo esto rezuma melancolía. Tengo la sensación de estorbar, me voy.

No te he agradecido, Rinette, el que tocaras para mí, el otro día, aquellas páginas de Bach. Soy muy torpe para dar las
gracias, pero me proporcionaste un gran placer.

El camarero, Rinette, plantado ante mí, agita su servilleta como una escoba.

Adiós pues, Rinette.

Antoine

[Cartas a una amiga inventada, Antoine de Saint-Exupéry, 1925]

Peco de pedantería. Me lo dice Saint-Exupéry cada día a través de esta carta errante, que ha perdido su dueño y ahora vive huérfana, en corazones desconocidos.

Soy torpe, no sé dar las gracias. No sé darlas transmitiendo todo aquello que siento. No soy capaz de decir con un te amo todo lo que se esconde detrás de mi confesión. Las palabras se vacían a mi alrededor y pierdo el momento, muere el instante y se extravía su sentido. Si no sabemos hacer literatura tampoco sabremos hacer, en consecuencia, vida.

Porque sí, la vida es como la literatura. En mi parquedad lo he dicho muchas veces. Entre líneas, no por no atreverme a hablar, sino por no encontrar la manera de hacerlo. No como los relatos, que nacen de la realidad que existe, sino que esa misma expresión, como la fotografía que se guarda para siempre o el calor de un abrazo, conserva la esencia de la vida, y la existencia se convierte literatura, y permanece en la nuestra para siempre.

Somos un libro que se escribe. ¿Vas a decir simplemente te quiero? ¿Vas a separar cada hilo tejido y vas a hacer un ovillo con él? Quisiera escribir como siento, porque vivir, vivir, ya vivo como siento. El sentimiento somos nosotros. Nada más. Materia inmortal que nunca desaparece. Nuestra esencia. Banalizar nuestras palabras es hacerlo también a nuestras vidas. Debemos ser viajeros a Ítaca que aprendan a no temer y a perdonar los errores de quienes nos aman. Porque nos aman. Nadie se merece amanecer convertido en un océano de cristales rotos.

Y es de aquello mismo que se transmite, que no son palabras o estados arbitrarios, sino el retal de la vida, de donde brotan todas las cosas y el relato desborda nuestra ventana para desarrollarse más allá de nuestro pensamiento. Tenemos la sensación de que aquel criado que limpiaba cuidadosamente la plata de la cubertería cada tarde a la misma hora, cuando el reloj sonaba las cuatro, o que aquella joven desconocida plantada cada anochecer frente al balcón viven en alguna parte del tiempo y del espacio, y que están ahí, esperando una negligencia del destino para encontrarnos tras la esquina de la plaza de la iglesia, aunque no nos reconozcamos y se estremezca nuestro cuerpo con un escalofrío mientras miramos atrás, tratando de justificar lo injustificable.

Porque también podemos ser olvidados. Las palabras vuelan, las promesas se queman en el tiempo y la distancia. ¿Nos atreveremos a mirar de nuevo las fotos que guardamos? La foto es un cadáver. ¿Quién nos devolverá el cine jamás realizado o la literatura que no ha sido escrita? ¿Qué sería de nosotros sin algo que transmitir y que transmitirnos en los momentos difíciles? No hay dos alegrías iguales, dos amores gemelos o dos seres idénticos. Todo es diferente a todo. Como en la literatura.

A veces lo olvido y me pierdo entre mis sombras. Por eso deseo que el resto de nuestra vida seamos música para los demás y literatura para nuestros propios ojos, secuencias editadas en nuestros sueños, escenas de una vida conservadas para siempre en nuestra memoria y en la de quienes nos rodean. Quiero que tú seas mi deseo para que alguna estrella fugaz tenga la bondad de concedérmelo. Y tu felicidad. Y tu vuelo singular. Y tu propio camino recorrido en la soledad de la compañía. Deseo que seas una vida que habita en lo más profundo de la todas las demás vidas. Y que esta carta encuentre, por fin, otra morada que habitar.

Publicado por David Lorenzo Cardiel

Autor. David Lorenzo Cardiel aúna desde la adolescencia su vocación filosófica con su pasión por la poesía, el ensayo y la narrativa.

7 comentarios sobre “ALGO DE QUE HABLAR

  1. La vida te tiraría de las orejas se te oyera decir: “Si no sabemos hacer literatura tampoco sabremos hacer, en consecuencia, vida”.

    No se puede transmitir toda la vida a través de la literatura. A la narración le falta el gesto de unas manos que acompañan. La voz en la que las manos se mueven. La expresión de cada parte del rostro. El movimiento del cuerpo. No es lo mismo la letra caligráfica que la tipográfica.

    Para transmitir todo lo que se quiere decir, tiene que escucharlo un espectador, alguien que esté en ese punto preciso donde no haya interferencias.

    No hay nada igual a sí mismo. Todo es diferente. Y ese es el espectáculo vital. El sol está donde puede abarcarnos a todos. Hay momentos que nos ensombrece y otros nos asombra. Lo mismo que hacemos nosotros con aquellos para quienes somos “un sol”.

    He dicho que “te tiraría de las orejas si te oyera decir…”, pero es un supuesto que no se da en tu caso. Estoy segura de que la vida te abraza porque dices “vivir, vivir, ya vivo como siento”.

    Después de escribir: “Debemos ser viajeros a Ítaca que aprendan a no temer y a perdonar los errores de quienes nos aman”, me pregunto: ¿es David L. Cardiel quien dice ser torpe y no saber dar las gracias?

    (No he podido ver el vídeo por algún problema técnico)

    Un fuerte abrazo, señor escritor.
    María

  2. María…¡muchisísimas gracias por tus palabras y tu apoyo! Y por tu presencia, una vez más, sobre todo después de 20 días sin publicar ni escribir nada…

    Creo que un poco torpe sí que soy, sí. Si no no metería la pata hasta el fondo con personas que quiero…¡Pero, en fin, esa es otra historia!

    ¡Y gracias, de nuevo, por los ánimos! ¡Me han sentado muy bien!

    A ver si coincidimos en algún día o en algún momento y nos conocemos en persona.

    He revisado el vídeo, y a mí me funciona bien. Dailymotion es un servidor bastante bueno, mejor que YouTube en muchos aspectos (como Vimeo, aunque este aún me gusta más), pero no se lleva muy bien con el CSS de WordPress y hay que encajarlo a la fuerza. Quizás ese sea el problema. Pero, en principio, funciona. ¿Trabajas con Windows 7 y con Firefox 9.0? Con ellos debería funcionar correctamente. El problema puede ser del navegador o del vídeo en sí mismo.

    Añado enlaces a YouTube y a Dailymotion de la canción, por si no funcionara.

    YouTube:http://www.youtube.com/watch?v=5trNj_uoD4Q

    Dailymotion: http://www.dailymotion.com/video/xfowbj_amaral-tarde-para-cambiar-el-comienzo-del-big-bang-live_music

    Si no funcionara o no lo pudieras ver de ninguna de las maneras, me lo dices que lo arreglaré como sea. 🙂

    Por cierto, es curioso que hasta la interfaz, Windows, se llame ‘Ventanas’. Interesante. Eso me recuerda que estaría muy bien que el próximo artículo sea tal. A ver si para final de año o comienzos del que viene…

    Un abrazo muy fuerte, señora poetisa y amiga.

    David

    1. Todos metemos la pata. Los errores son hermanos de los aciertos. Encontrar la respuesta correcta a un problema que se nos plantea no es fácil. Acertar es un premio. Pero asumir el error en primera persona (si es nuestro) es algo más que una matrícula de honor. Significa autoestima y por consiguiente respeto absoluto por los demás. Son dos ingredientes del amor fundamentales.

      Tendremos ocasión de conocernos. Será un placer.

      Me he perdido un poco en esa descripción informática debido a que soy una “señora” que empezó con la máquina de escribir y a este mundo “no le tengo muy bien interiorizado el concepto”, pero he visto el vídeo siguiendo uno de tus enlaces.

      Querido David. Sugieren muchas ideas tus escritos, pero sobre todo, puede leerse entre líneas que eres una buena persona. (Yo no es literatura)

      Un abrazo, amigo.
      María

  3. Te contaré una cosita (si deseas escucharla): comencé a escribir a mano desde muy niño. Textos largos, obras inconsistentes, pero con unas intenciones muy interesantes y que aún me agradan al recordarlo. Mi madre tenía una máquina de escribir que utilizaba cuando tenía que redactar algún papel oficial. Algunas veces, cuando estaba enfermito en casa, la buscaba al armario bajo donde se encontraba. ¡Pesaba muchísimo para las fuerzas de entonces! Pero la cargaba, la arrastraba en su caja de piel sintética, y subiéndola primero a una silla, la colocaba en la mesa. Había aprendido a usarla y, en esas contadas ocasiones, me distraía escribiendo en ella. Luego, me regalaron una, de plástico, que funcionaba igual de bien que la de mi madre. Pero se rompió pronto. La rompí pronto. Y me quedé sin ella. Para mí era más interesante descubrir el funcionamiento de aquel artilugio que conservarla con el mimo con que conservaba la de mi madre. La desmonté. Me equivoqué. La eché en falta.

    Aún está la vieja máquina de escribir de mi madre en el mismo armario bajo. Ya no venden tinta para ella, ya no dan vida sus teclas. El otro día, paseando por Lagasca, vi todas aquellas máquinas, antiquísimas, útiles, limpias, restauradas; un telégrafo tallado a mano, una máquina de códigos intacta…un museo de escritorio, de otra época. Ya no hay sitio para ellas porque se lo han quitado. Les han arrebatado el alma. En el mundo hay sitio para todos. Somos nosotros quienes lo arrebatamos a las demás cosas.

    No es lo mismo escribir a máquina que a ordenador. Nada es lo mismo si no es lo mismo. Los parecidos no sirven. Cada cosa es única. La esencia de la vida.

    Pese a mi “juventud”, yo pertenezco a ese otro mundo de celuloide, palomitas, paseos agarrados de la mano, pasajes comerciales cuya época dorada no he conocido más allá de relatos deformados, vivencias que no son las mías; cines rebosantes de vida, máquinas de escribir, estilográficas, pintura realista, periodismo mordad. Soy del siglo XXI, pero mi espíritu habita en las profundidades del anterior. Hasta mi condición filosófica es, hoy en día, un carácter casi olvidado. Tampoco domino código de sistema, pero el trabajo con blog obliga a ello. Así como C o C++ son códigos universales y muy rigurosos, CSS es un poco más “puñetero” y varía mucho en sentencias…lo poco que hago, lo escribo en C++. Encima, WordPress no me deja (si no es pagando) modificar la plantilla (creo que el Blogger aún podéis), así que es imposible compatibilizarlo. Por eso, lo que falla, falla. Me alegro de que hayas podido verlo en uno de los enlaces.

    Supongo que tienes razón en cuanto a los errores. Y también en cuanto a que soy una buena persona. Contigo, hay tres personas que me lo han recordado cuando menos me lo esperaba, en momentos clave. Personas a las que tengo mucho cariño y que puedes encontrar nombradas frecuentemente por aquí y que, supongo, ya sabrás o te imaginarás 😉

    Gracias por confiar en mí y por estar siempre ahí.

    Y no se yo si soy muy escritor…jajaja…que aún no me he atrevido a escribir nada serio…¡Hay una filósofa joven, podría decirse que mi homóloga alemana, que ya me lleva ventaja! Ella ha publicado su primera obra (¡en alemán e inglés!) y yo aún no me atrevo. ¡Si Félix Romeo me escuchara decir esto! Él que tenía una consigna: si no lo intentas, nunca sabrás si puedes.

    En fin, como el gato le dice a Alicia en el País de las Maravillas: “si no tienes claro a dónde llegar, tampoco es importante el camino que escojas”. Cuestión de ir haciéndolo.

    En fin, gracias, querida María, una vez más.

    (PD: y lo que son las cosas de la mente: cuando he leído “Yo no es literatura”, inmediatamente lo he corregido por “Y no es literatura” sin percatarme de ello. Me ha costado más encontrar el “error” que subsanarlo. ¿Será esa la mecánica de los errores que lamentamos? Quizás, nosotros, que somos quienes queremos, nos hacemos tanto daño con nuestras faltas que las vemos más grandes de lo que son. Igual la otra persona ni siquiera se ha percatado, porque su cariño ha corregido la ausencia.)

    Un abrazo, amiga

    David

    1. ¡Qué bien te expresas!
      Me encanta la última línea. Se dice que no hay peor falta de educación que señalar una falta de educación en los demás.
      Uno de los códigos del tango (yo bailo tango) es corregir sobre la marcha cualquier fallo que inevitablemente se produce en esos tres minutos que dura la pieza. De otra forma rompes el baile y ese es el peor de los errores.
      El cariño está siempre en el lugar preciso.

      Gracias, David, por ese entrañable abrazo.
      María

  4. La improvisación…una cosa muy mal vista hoy en día, asociada a descoordinación o falta de claridad en las cosas. Y no es así: improvisar es dar a cada cosa lo que es suyo, ir jugando la partida según se reparten las cartas. Quien planifica cada detalle se dirige a la infelicidad y al desastre.

    Hay que improvisar. Por eso escribo improvisadamente, según siento que debo escribir.

    Me encanta el tango como expresión artística. Pocos bailes existen tan profundos y desgarradores en los sentimientos que transmiten.

    Gracias por todo, María

    Un abrazo,

    David

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: