COME AWAY WITH ME

por David Lorenzo Cardiel

Durante semanas y meses, pasamos los días con la persona adecuada. Sin saberlo. Solo a veces, cuando nos quedamos solos, pensamos en esa persona, en la curva de sus labios, en ciertos gestos suyos o inflexiones de voz, y al pensar en estas cosas, el corazón nos da un vuelco, pero apenas prestamos atención a un vuelco tan pequeño y sordo. Lo raro es que en compañía de esa persona nos sentimos siempre a gusto y en paz, con una respiración tranquila, con la frente, que durante tantos años había estado ceñida y torva, despejada de pronto. Nos damos cuenta de que nunca hemos tenido una relación parecida a esta con ningún ser humano. Al cabo de un tiempo, todos los seres humanos nos parecían tan indefensos, tan simples y pequeños… Esta persona, mientras camina junto a nosotros con su paso, distinto al nuestro, con su severo perfil, posee una infinita facultad de hacernos todo el bien y todo el mal. No obstante, nos sentimos definitivamente tranquilos.

Y dejamos nuestra casa, y nos vamos a vivir para siempre con esa persona, no porque nos hayamos convencido de que es la persona adecuada, al contrario, no estamos en absoluto convencidos, y siempre abrigamos la sospecha de que la verdadera persona adecuada para nosotros se esconde en algún lugar de la ciudad. Pero no tenemos ganas de saber dónde se esconde, sentimos que ya no tenemos mucho que decirle, porque se lo decimos todo a esa persona, tan vez no la adecuada, con la que vivimos. Y el bien y el mal de nuestra vida queremos recibirlo de esta persona y con ella.

[Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg]

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