Esa gentuza…

por David Lorenzo Cardiel

>Llevo unas cuantas semanas observándolo, detenidamente. Prácticamente oculto, fugaz. Llevo unas cuantas semanas acumulando anécdotas del mismo tipo sin poder descargar mi furia ciclónica cuando ocurren. Sin poder mandarlos al infierno, que es donde se merecen estar.
Llevo varias semanas observando el comportamiento de algunos conductores, bestias salvajes sin humanidad ni sentido de lo humano. Híbridos con forma humana pero con interior vacío. Esos que la ley unas veces llama “irresponsables” y en otras, “temerarios”. Esos que declaran ante el juzgado de turno que no se encontraban en “todas sus facultades” para conducir y que “no sabían lo que hacían” en el momento del accidente. Para que la pena sea menor. Infinitamente menor. Esos que luego salen del juicio victoriosos riéndose a carcajada limpia en la humillada cara de los familiares de los difuntos, de los que han sufrido la falta de humanidad y la violencia inhumana de un depredador de asfalto. Y los familiares deben tragar saliva, para aparentar pacifismo y buena ciudadanía, aquella que ese cabrón no tuvo mientras conducía.
Esos que, finalmente, adelantan al triple de la velocidad permitida, apuran las rectas y las curvas y presionan a los otros conductores con pitidos y la velocidad de su vil vehículo. Esos que mantienen su velocidad mientras un inocente y buen conductor viene de frente por su carril y no puede apartarse, ni siquiera frenar en el arcén, porque no pueden cruzarse a la vez dos coches sin chocar. Esos que se juegan la vida de los demás en el éxito de sus pericias.
Como digo llevo observando algunos casos de estos hijos de la gran ramera en los que acosan al resto de conductores, los adelantan a velocidades vertiginosas y apuran los espacios haciendo sufrir al conductor que viene de frente. Algunos de ellos aparecen en escena con algún cochazo de lujo, de los de gran cilindrada. Deben creerse que por poseer coches lujosos pueden amedrentar y poner en peligro al resto de conductores. Deben creerse dueños de la vida de los demás. De poder elegir si matar o indultar. Porque, lamentablemente, cada vez que ocasionan un accidente normalmente ellos salen vivos mientras el inocente muere.
Otros, para obligarnos a salir del tópico lo hacen con coches normalitos. Éstos se deben creer directamente dioses a los que les pesa el ritmo de la carretera y tienen que estar constantemente adelantando y pisando el acelerador para descargar su inhumanidad, para demostrar su superioridad.
De los que he presenciado afortunadamente ninguno ha acabado en desgracia. Siempre algún gentil conductor permitió la incorporación in extremis del mamón de turno salvando así la vida del inocente que venía de frente. Y la suya. Y la de los ocupantes de los coches que venían detrás de él. Mientras todos tenían la garganta seca, el mamón -o mamona- acelera extasiado -o extasiada- volviendo a hacer lo mismo en la próxima oportunidad que encuentre.
A todas estas personas que ponen en peligro al resto a voluntad, aleguen lo que aleguen, porque para coger el coche ebrio o drogado hace falta una mínima voluntad; a todas estas personas que lo hacen por prisa, por diversión o por superioridad o porque, directamente, les sale del cimbel; les digo que si tan poco valoran la vida de los demás y la suya propia que, sin porfavor, no lo duden un instante y se ahorquen, se suiciden. Total, si son capaces de jugarse la vida a una imprudencia qué más les dará morir un mes antes o un mes después.
Una cosa es cometer un error imprevisto, un cálculo mal hecho que, tristemente acaba en desgracia y otra arrisgarse concienzudamente sesgando en la mayoría de los casos las vidas de los que, modélicamente hacen de la conducción un ejemplo, un arte.
Solo espero que algún día la mentalidad de la gente adquiera un matiz mucho más espiritual y mucho más respetuoso con la vida de los otros seres humanos, no ya solo en carretera, sino en cualquier otro aspecto. Mientras tanto, como digo, más les valdría a los que planean semejantes azañas suicidarse antes de asesinar a inocentes. Prefiero pensar que el destino de las personas asesinadas es precisamente ese. Prefiero pensar que esos hijos de perra no poseen el ciento por ciento de la culpa de que una persona muera. Prefiero pensar que vamos a cambiar y que las leyes, algún día, castigarán con todo su poder a estos rufianes que no son personas sino monstruos abisales, gente sin escrúpulos y viles híbridos con un interior vacío y una existencia podrida.

PD:  Agradezco también con este artículo la sangre fría de los  buenos conductores, que no dudan en ceder su lugar y en cooperar para evitar accidentes en todo lo posible. Muchos de estos buenos conductores también llevan coches de lujo. Muchas gracias a vosotros, excelentes conductores por salvar, de alguna manera, vidas.

Anuncios