LOS QUE NECESITAMOS HABLAR

por David Lorenzo Cardiel

Si los blogs no han desaparecido a estas alturas de irreflexión, caos y demencia tecnológica, es porque necesitamos hablar, comunicarnos, liberarnos de nuestras cruces y nuestros tormentos, ya sea a través de la indulgencia de un papel condenado al olvido o de la fragilidad de un programa informático que de carecer de su sustento energético perdería su contenido para siempre.

Si aún seguimos aquí, si aún existen tolstóis encubiertos que convierten los símbolos en palabras y las palabras en historias que son capaces de acercarnos a una realidad cada día más distante; si aún permanecen impertérritos y silenciosos pensadores en primera línea bajo el intenso fuego enemigo; si aún existe una blogosfera culta y un clan cultureta que se ha ganado a pulso su independencia del acoso ideológico, es porque necesitamos expresarnos, porque nos ahogan las verdades encubiertas en forma de palabras y necesitamos espetarlas, soltarlas, ser nosotros mismos.

Hay quien no entiende que cada ser tiene sus necesidades y las de algunos consiste en tomar el estandarte, erigirlo en medio del fragor de la batalla y, como el príncipe Andrei en Guerra y paz, avanzar mientras las balas silban, congregando a nuestra espalda a todos aquellos que aún darían su vida por la insignia por la que lucharon justo antes de entregarse al terror y el horror de la guerra.

No todos servimos para estar callados. La literatura y, en general, la comunicación escrita habrían muerto hace milenios si no hubiera habido quien alzara la voz, quien se hubiera situado con todas sus consecuencias por encima de las ideologías y de la sociedad, sin que eso le convirtiera en alguien mejor o peor que el resto. Nunca morirán las palabras mientras haya quien necesite contar historias, decir las cosas como son, expresar lo que siente.

Por eso, pese a la cansina insistencia de los que intentan limitar el libro a morralla ideológica y el texto libre a la escasez del tuit, siguen existiendo blogs que hablan de la vida, de la justicia, de la literatura maravillosa que el crítico más reputado aún no ha sabido encontrar en su torpeza. De ese maravilloso atarceder otoñal, bañado en ocres y rojizos tonos al que la sociedad entera parece haber renunciado a admirar.

No, los blogs no morirán al igual que tampoco lo hicieron las revistas ni lo harán los libros, simplemente porque necesitamos hablar. Ansiamos reencontrarnos con esa realidad a la que pertenecemos y de la que nos hemos distanciado como hijos pródigos que un día han de volver a ella. Necesitamos, en dos palabras, ser humanos, y la literatura, o el simple acto de escribir, nos aceca más a nosotros mismos. Podrán desaparecer los periódicos, las redes sociales, los blogs, incluso el papel al que hacemos confidente de nuestras inquietudes, pero nunca podrá silenciarse algo que forma parte de nuestra esencia, que es consecuencia de lo que somos y, eternamente, seremos.

No, nunca se dejará de escribir y de leer lo que se escribe mientras exista quien necesite hablar.

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