Ateismos y laicismos

por David Lorenzo Cardiel

Escudados bajo el amplio manto del laicismo y amparados en el extremo conformismo que se respira en estos tiempos, multitudes que se proclaman ateas han decidido salir a las calles a “convertir” a todos esos descarriados “infieles” a su visión nihilista de la vida.

En un siglo como el nuestro donde todo está oscuro y la tontería campa a sus anchas, como creo haber comentado ya en otros artículos, todo es posible, incluso que se empleen simbologías sin sentido que hacen referencia a realidades indebidamente politizadas. Una de esas marchas simbólicas de las que no se sabe muy bien qué se pretende es la que en numerosos medios de comunicación saltó a la luz hace un par de días acerca de la petición denegada de una especie de procesión atea en pleno Jueves Santo, uno de los días de mayor culto, como saben, de toda la Semana Santa católica, por las calles de Madrid.

La prensa, al menos la que pude leer, no ofrecía detalles acerca de las pretensiones de los nuevos cofrades. Lo que sí dejó claro es que eran grupos de asociaciones tuteladas bajo el laicismo, el mismo concepto cuya definición nos empuja al respeto de culto y a la libertad personal, justamente dos de los preceptos aparentemente no respetados en tal manifestación.

Supongo que los que intentaron promulgar tal marcha piensan que todo lo que no responde a sus cánones y planteamientos debe ser apartado del mundo en el que viven. Aquellos que creen fidelignamente que deben imponer sus creencias tan solo porque lo creen y piensan. Y como buenos hijos de su tiempo, aplicando la estrombótica costumbre de salir a las calles con difusas simbologías en señal de protesta furibunda, han decidido hacer legal tal falta de respeto a los miles de creyentes que inundan con devoción y sentimiento las calles únicamente por amor a Jesús de Nazaret y a su palabra. Porque de haberse aprobado, de haberse permitido tal ataque al verdadero laicismo, el que propugna la libertad, legal hubiera sido, pero también detestable y aberrante en la realidad. En dos palabras: filosóficamente repugnante.

Pero para salud de todo y de todos se ha evitado la tangana que probablemente se habría producido de cruzarse manifestantes y oferentes. No quiero juzgar de antemano ni mucho menos atacar a nadie, pero lo único que he podido observar en tal proposición es la intención de provocar al creyente y de faltar al respeto de un personaje histórico como fue Jesús. Muchos parecen olvidar que deidad y religión podrán ir de la mano, pero no son lo mismo. Lo olvidó Marx, lo olvidaron los ideólogos convencionalizados, lo olvidaron en política. La religión, como toda organización humana, es humana, y por lo tanto, hija de su tiempo. Todas las corruptelas y toda la violencia y daño ejercido en nombre de Dios o en su representación no dejan de ser enmascaradas acciones humanas, de igual índole que las que cualquier otra organización o persona meramente humana pudieran hacer. El empleo del nombre de Dios para tales actos ha terminado por degenerar injustamente su imagen desembocando en un sentimiento de repulsa tanto hacia las religiones como hacia el propio Dios y todo lo relacionado con él. Así, de un plumazo, la mentalidad veintiunesca solo admite a Dios dentro del marco religioso y ha convertido su creencia o su convinción o conocimiento de su existencia prácticamente en un mero pasatiempo con el que se entretiene la humanidad cuando no sabe qué hacer. Por eso, supongo, aquellos que no siguen ninguna religión consideran las puertas de Dios cerradas y, aprovechando momentos de confusión teórica y filosófica como los tiempos que nos acogen, deciden agredir a la memoria de personajes históricos como lo fueron la Virgen María, los Apóstoles o Jesús de Nazaret; a Dios y a toda esa voluntad y sentimiento que millares de cofrades y oferentes profesan durante esas marchas de desbordante simbología.

Por eso, no termino de comprender qué se proponía reivindicar con la marcha atea, que no laica, del Jueves Santo en Madrid. ¿Acaso que se abandonen creencias y convinciones acerca de la existencia de Dios? ¿Que se suspendan las procesiones cristianas? ¿O simplemente que se persiga a toda persona que no acepte los dogmas ateistas? En cualquier caso, independientemente del partido político que gobierne, me parece más que acertada y coherente la medida. Aunque solo sea porque en política interese mantener una Semana Santa tranquila y sin trifulcas. Desde luego, lo que queda claro es que tales marchas en días tan señalados y sin ninguna reivindicación evidente, justa y necesaria por la que protestar no dejan de atacar impunemente a la libertad de culto y al verdadero laicismo, ese que se recoge tan claramente en la misma Constitución Española que tanto se defiende a la hora de justificar acciones y decisiones dentro del panorama legal.

Igual que este escrito, que no atenta contra nadie, queda amparado por la libertad de expresión, que no es un derecho, sino algo que nos corresponde simplemente por el hecho de ser seres humanos. ¿O es que acaso pensar, buscar la verdad, hablar de ella, dar una opinión, creer en algo o profesar una fe y unos sentimientos son objeto de ataque y persecución pública? Los tiempos de los linchamientos acabaron hace años. Ahora toca abrir la verdadera y no tergiversada etapa del respeto y el conocimiento verdaderos.

PD: Aprovecho este primer artículo para darles la bienvenida al nuevo blog. Siéntanse como en su casa. Las normas, si es que ciertamente las hay, son las mismas y una sola: este blog se reserva el derecho de admisión, es decir, que se deberán respetar la opinión y la palabra de cada uno. Salvada esta distancia, como decía un antiguo profesor de literatura, sus comentarios serán bien recibidos y sus palabras, atendidas y escuchadas. Muchas gracias por su presencia aquí y por su tiempo.

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