La piedra del rayo

por David Lorenzo Cardiel

>Me hubiera gustado poder haber estado allí en ese momento. Seguramente la fecha rondaría Abril, Mayo o incluso Junio, o puede que Septiembre. Allí, pueblo pequeño, recién levantado por el Régimen Franquista como sitio del colonización, en plena estepa castellano-leonesa y bien comunicado por líneas de autobús con Aranda de Duero o con Valladolid es donde nació una historia, en boca de todos los que la presenciaron, “normal” y de la -no se ustedes- no he oído mencionar ni en los libros de física -y eso que de esto último se bastante-.
Muy probablemente sería por la tarde, bastante rato después de la comida, de las de puchero con productos de la huerta. El sol debería aplastar el garbo de la menuda población, unos 200 habitantes, pero ese día, como tantos otros en esa época del año, el cielo se cubrió por una espesa capa de cumulonimbos dispuestos a descargar su furia. Los habitantes, la mayoría campesinos ni se inmutan y permanecen en los campos, que están cultivados de remolacha. Sin duda era una tormenta normal, como así fue. Pero hubo algo que la diferenció del resto.
Sin contemplaciones, una fuerte tromba, mezclada con el calor se precipitó sobre el pueblo, a orillas del pantano del Duero. Los campesinos se refugiaron en las casetas previamente levantadas o en su defecto, bajo los árboles. En un momento dado, un rayo cae lo suficientemente cerca para cegarles por unos instantes. Ha caído sobre una gruesa tapia de una construcción abandonada y derruida, probablemente un antiguo refugio. La ha desquebrajado por completo. Uno de ellos se acerca decididamente hasta el lugar. La tormenta ya amaina y los truenos ya se perciben lejanos. En la tapia, incrustada y claramente diferenciada de la composición de la tapia aparece una piedra negra incrustada.
Él la recoge y la lleva a casa, para explicarles a sus hijos qué era aquello. Tras las explicaciones, los muchachos jugaron con ella hasta que con el tiempo la perdieron…

Esta historia que les estoy contando es cierta, y les aseguro que la información me ha llegado directamente porque aquella persona que la recogió era mi abuelo y uno de los que jugaron con ella, indudablemente, mi padre.
Cuando me enteré de esto, interesándome, cuestioné a mi abuelo -ahora fallecido, E.P.D.- para que me narrara todos los datos que pudiera sobre el momento y la piedra. Él, desde luego, no se acordaba de la fecha en cuestión pero sí se acordaba de lo de la tapia y de las características de la piedra, aunque lo catalogó como “fenómeno normal y habitual”. De pequeño -me contó- muchas veces caían rayos en construcciones y, a veces, dejaban una piedra claramente diferenciada del resto. Ninguno en ese pueblo le dio mayor importancia, salvo mi padre, que era un zagal en aquella época y que nunca se le olvidará el tacto, peso y forma de aquel regalo del cielo.
“Mientras la tuve en las manos -comenta- puede apreciar su color, entre gris y negro con algunas vetitas o puntitos blancos. Era muy ligera, yo diría que extremadamente, aunque no me acuerso si era o no uniforme, aunque yo diría que sí.”
El abuelo, de sus caracteríaticas me pudo narrar que al recogerla no estaba caliente ni templada sino fría.
Ante todos estos conceptos y ante la innegable veracidad del suceso, sólo nos cabe especular. Y yo, tras pensar un ratito, se me ocurrieron al menos tres posibilidades:

1- La más “evidente”: el rayo golpea a la tapia desquebrajándola. Además, el calor que imparte como energía desprendida “quema” y destruye parte de la composición de la tapia creando una roca. El inconveniente de esta hipótesis es que o estaría caliente o no tendría porqué haberse condensado. Aparte de que en caso de fundirse se habría desparramado, lo que no explica su encaje.

2- Que el rayo, al choque con la tapia funda parte de los componentes de su alrededor formando una piedra. Pero esta volvería a tener los mismos inconvenientes de la anterior.

3- Que la roca fuera transportada por el rayo. Ésta, pese a que es complicada de imaginar y teorizar sí explicaría los errores anteriores.

Pese a todo, y para concluir, sin conocer casos oficiales registrados ni la visión de la física mediante teoría enunciadas, me veo en la obligación de comentarles esta historia, espero grata para todos ustedes.
Ya lo saben: si conocen algún caso de las mismas características y desean compartirlo, así como dar una visión científica u opinión argumentada pueden enviarme un mail a la dirección especificada en el apartado “Tablón de anuncios”.

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