¿EN QUÉ NOS AFECTAN LAS PERSIANAS?

Hoy, en nuestras #grageasfilosóficas de ‘Sin Límite’, os invitamos a descubrir la revolución de la persiana y de la cortina. ¿Debemos -y podemos- poner persianas a las ventanas digitales desde las que miramos y nos miran? 

En Afcar Media, en conversación con el genial Ahmed Bajouich. Podéis ver aquí un fragmento de la conversación y escucharla completa en el enlace de abajo.

¿Cómo poner cortinas a la privacidad tecnológica? – Grageas Filosóficas – Sin Límite – Afcar Media

Para ver un fragmento en vídeo, click aquí:

PIANOS

No sé qué tienen los pianos que cada vez que una mano artística pretende acercarse a ellos, el vendedor de turno se lanza a impedirlo como si en ello le fuera la vida, como si el piano, en lugar de ser un piano, fuera su vástago recién nacido y la mano, la bestia que ha de devorarlo. No sé qué tiene de delicado un piano para llegar al punto de no poder ni acariciar la tapa con la finura necesaria y que no tenga un violín, o un contrabajo o un arpa.

Me resulta curioso que en casi todos los lugares donde hay un piano hay un ojo vigilante, aunque sea tras un visillo, que lo protege y lo mima frente a los dedos crueles que quieren martillear sus teclas y hacer acordes malignos con ellas. Desde muy pequeño me han gustado los pianos y los violines, en este orden de preferencia, y aún hoy me siento atraído por el piano, sobre todo por la grandiosa sonoridad y presencia del piano de cola. Cuando iba por los grandes almacenes y daba la casualidad o la no casualidad de atravesar la sección de música, siempre me quedaba unos minutos admirando los pianos y los teclados que allí vendían, y casi siempre, sin ni siquiera llegar a hacer mención de tocar uno de ellos, había un vendedor que vigilaba mis movimientos y carraspeaba ruidoso, sin abandonar el lugar hasta que hubiera desaparecido.

Uno puede tener la tentación de pensar, cuando el relato que te cuentan alude a la niñez, que el vendedor vigila esas caras y finas piezas del nervioso repiqueteo del infante, dispuesto a desmontar tecla por tecla y cuerda por cuerda. Uno bien podría pensarlo si no tuviera en cuenta un detalle fugaz que cambia la situación: la vigilancia, el carraspeo y la mirada asesina durante la huída del visitante no son motivadas por el niño juguetón sino por la simple presencia humana cerca del piano.

No solamente grandes almacenes los guardan celosamente. El otro día, por ejemplo, estuve en el mercadillo benéfico Aragón, que se celebraba en el Auditorio, rebuscando en el puesto de libros viejos algún ejemplar que llevarme a casa y justo a la salida veo un hermoso piano de pared, con su tapita cerrada y aparentemente desprotegido. Me acerco cauto y sigiloso, para que nadie note mi presencia, y disimulo caracoleando a su alrededor para inmediatamente después tocar una pequeña y arbitraria pieza. La toqué a gusto, pausadamente y a mi ritmo, desahogándome de tanta composición frustrada. Entonces, cuando miro de reojo, observo una presencia estática, de violenta mirada, que parece haber estado allí unos largos minutos observando mi virtuosidad improvisada esperando a que dejara de tocar una vez por todas. Creo que no hizo falta que me indicara la salida.

He hablado de tiendas y sin embargo no de la relación celosa entre el propietario y su piano. Es sorprendente cómo la sola posesión de un piano hace que el propietario se convierta en su guardián permanente, haciendo todo lo posible por salvar su querido instrumento hasta de las miradas obscenas que aluden a pervertidas intenciones artísticas. Porque una cosa es que el genuino pianista no permita que todas las manos y todas las personas golpeteen su piano y otra que su uso y disposición sea exclusiva para él.

No sé qué tiene el piano que no tengan otros instrumentos para que se le proteja tanto. Desconozco si en un futuro podré meter un piano de cola en casa sin andar demasiado apretujado por su sola presencia, pero desde luego, si es que eso ocurre, ojalá no me convierta en un auténtico pianista. Al menos, no en uno extremadamente posesivo.

Ah, qué tiene el piano que a todos nos transforma.

¿Casualidad? Lo dudo…

>El otro día, veinte de octubre leí en el diario 20 Minutos un gran artículo que me llamó la atención. La verdad es que a lo largo de la historia se han producido y se producen montones de casos similares con gente anónima. Quizás trate alguno en particular más adelante, quizás no, pero me pareció oportuno publicar algunos de ellos los que he considerado de mayor relevancia…

DIÁMETROS SIMÉTRICOS

Esto ya lo percibió el filósofo Aristarco en su momento, pero hoy en día con nuestra tecnología parece más ovbio.
El astro solar es 400 veces más grande que la Luna, pero sin embargo ambos cuerpos coinciden de forma perfecta en los eclipses. Esto se debe a que el Sol se encuentra 400 veces más lejos de la Tierra que de la Luna (?) y el diámetro aparente del Sol y la Luna es en ambos de 31 minutos.

PARALELISMO EN VIDA

Seguro que a alguno de mis lectores le habrá ocurrido el encontrarse con personas muy similares a él/ella en aspecto, están casados/as con parejas con el mismo nombre o comparten número y calle en distintas ciudades, pero dudo que le ocurriera lo mismo que a Humberto I de Saboya. SE cuenta que el 28 de Julio de 1900 el rey cenaba en un restaurante de lujo cuando observó que el dueño se parecía mucho a él. Tras interrogarle descubrió que se llamaba también Humberto, que los dos habían nacido en Turín el mismo día y que se habían casado con una mujer que se llamaba Margherita. A la mañana siguiente del suceso, el dueño del restaurante murió en una cacería. Muy poco después, el rey moriría a causa de un atentado por parte de un anarquista.

¿PREMONICIÓN HISTÓRICA?

Un caso curioso es el que une a los presidentes de EEUU John F. Kennedy y Abraham Lincoln. Fueron elegidos en 1860 y 1960 respectivamente. Ambos fueron asesinados por un tiro a la espalda en presencia de sus esposas. Ambas perdieron un hijo estando en la Casa Blanca. Cuando fueron atacados, Kennedy viajaba en un Ford y Lincoln se encontraba en el Teatro Ford. Sus sucesores se llamarían ambos Johnson: Andrew Jonhson sucedío a Lincoln y Lyndon B. Johnson a Kennedy. Además, el primer sucesor nació en 1808 y el segundo en 1908. Ninguno de sus supuestos asesinos (John Wilkes y Lee Harvey respectivamente) pudo ser juzgado al ser asesinados antes de que esto sucediera. Wilkes asesinó a lincoln en un teatro y se escondió en un almacén. Harvey disparó desde un almacén y huyó hasta un cine…

LOS MISTERIOSOS 129 AÑOS

Entre Napoleón y Hitler hay una relación clara: 129. Parece que el número quiere perseguir a ambos líderes de unas guerras que fracasaron. Napoleón tomó el poder en 1804 y Hitler en 1933 (129 años). Napoleón entró en Viena en 1809, Hitler lo haría en 1938 (129 años después). Napoleón estró en Rusia en 1812 y 129 años después lo haría Hitler, en 1941. Napoleón perdió la guerra en junio de 1815 y Hitler en abril de 1945, es decir, 129 años y 10 meses des´pués de que la perdiera Napoleón.

EL CRUCIGRAMA DE LA VERDAD

Segunda Guerra Mundial. Los aliados pretenden dar un golpe de autoridad con el desembarco de Normandía. Todo parece en calma, nada se sospecha, y todo el mundo parece conocer los códigos, algunos como Utah, Omaha o Neptune. Pero pocos días antes del desembarco, los encargados de la operación descubrieron con horror cómo en un crucigrama del «London Daily Telegraph» aparecían todos esos términos. Estuvieron a punto de cancelarlo todo, pero siguieron. El resultado: la victoria.

UN ASESINATO POCO CASUAL

Sir Edmond Godfrey fue asesinado en 1911. Los tres hombres que lo mataron y que fueron condenados a la horca se apelladaban Green, Berry y Hill.
La residencia de Godfrey se llamaba Greenberry Hill. ¿Casualidad?

La piedra del rayo

>Me hubiera gustado poder haber estado allí en ese momento. Seguramente la fecha rondaría Abril, Mayo o incluso Junio, o puede que Septiembre. Allí, pueblo pequeño, recién levantado por el Régimen Franquista como sitio del colonización, en plena estepa castellano-leonesa y bien comunicado por líneas de autobús con Aranda de Duero o con Valladolid es donde nació una historia, en boca de todos los que la presenciaron, «normal» y de la -no se ustedes- no he oído mencionar ni en los libros de física -y eso que de esto último se bastante-.
Muy probablemente sería por la tarde, bastante rato después de la comida, de las de puchero con productos de la huerta. El sol debería aplastar el garbo de la menuda población, unos 200 habitantes, pero ese día, como tantos otros en esa época del año, el cielo se cubrió por una espesa capa de cumulonimbos dispuestos a descargar su furia. Los habitantes, la mayoría campesinos ni se inmutan y permanecen en los campos, que están cultivados de remolacha. Sin duda era una tormenta normal, como así fue. Pero hubo algo que la diferenció del resto.
Sin contemplaciones, una fuerte tromba, mezclada con el calor se precipitó sobre el pueblo, a orillas del pantano del Duero. Los campesinos se refugiaron en las casetas previamente levantadas o en su defecto, bajo los árboles. En un momento dado, un rayo cae lo suficientemente cerca para cegarles por unos instantes. Ha caído sobre una gruesa tapia de una construcción abandonada y derruida, probablemente un antiguo refugio. La ha desquebrajado por completo. Uno de ellos se acerca decididamente hasta el lugar. La tormenta ya amaina y los truenos ya se perciben lejanos. En la tapia, incrustada y claramente diferenciada de la composición de la tapia aparece una piedra negra incrustada.
Él la recoge y la lleva a casa, para explicarles a sus hijos qué era aquello. Tras las explicaciones, los muchachos jugaron con ella hasta que con el tiempo la perdieron…

Esta historia que les estoy contando es cierta, y les aseguro que la información me ha llegado directamente porque aquella persona que la recogió era mi abuelo y uno de los que jugaron con ella, indudablemente, mi padre.
Cuando me enteré de esto, interesándome, cuestioné a mi abuelo -ahora fallecido, E.P.D.- para que me narrara todos los datos que pudiera sobre el momento y la piedra. Él, desde luego, no se acordaba de la fecha en cuestión pero sí se acordaba de lo de la tapia y de las características de la piedra, aunque lo catalogó como «fenómeno normal y habitual». De pequeño -me contó- muchas veces caían rayos en construcciones y, a veces, dejaban una piedra claramente diferenciada del resto. Ninguno en ese pueblo le dio mayor importancia, salvo mi padre, que era un zagal en aquella época y que nunca se le olvidará el tacto, peso y forma de aquel regalo del cielo.
«Mientras la tuve en las manos -comenta- puede apreciar su color, entre gris y negro con algunas vetitas o puntitos blancos. Era muy ligera, yo diría que extremadamente, aunque no me acuerso si era o no uniforme, aunque yo diría que sí.»
El abuelo, de sus caracteríaticas me pudo narrar que al recogerla no estaba caliente ni templada sino fría.
Ante todos estos conceptos y ante la innegable veracidad del suceso, sólo nos cabe especular. Y yo, tras pensar un ratito, se me ocurrieron al menos tres posibilidades:

1- La más «evidente»: el rayo golpea a la tapia desquebrajándola. Además, el calor que imparte como energía desprendida «quema» y destruye parte de la composición de la tapia creando una roca. El inconveniente de esta hipótesis es que o estaría caliente o no tendría porqué haberse condensado. Aparte de que en caso de fundirse se habría desparramado, lo que no explica su encaje.

2- Que el rayo, al choque con la tapia funda parte de los componentes de su alrededor formando una piedra. Pero esta volvería a tener los mismos inconvenientes de la anterior.

3- Que la roca fuera transportada por el rayo. Ésta, pese a que es complicada de imaginar y teorizar sí explicaría los errores anteriores.

Pese a todo, y para concluir, sin conocer casos oficiales registrados ni la visión de la física mediante teoría enunciadas, me veo en la obligación de comentarles esta historia, espero grata para todos ustedes.
Ya lo saben: si conocen algún caso de las mismas características y desean compartirlo, así como dar una visión científica u opinión argumentada pueden enviarme un mail a la dirección especificada en el apartado «Tablón de anuncios».