CERRAD LAS VENTANAS

En las tricheras no hay ventanas, sólo frío y lodo. Cualquiera lo sabe. Hay quien mira al anochecer detrás de las cortinas la vida nómada de los soldados. Le delata el tintineo de la vela. Cualquiera sabe que en las trincheras no hay ventanas, pero aún así, deben estar cerradas.

Creo que ha llegado el momento de refugiarse del aire fresco, porque mina, porque espabila demasiado, porque su soplo puede congelarnos los rasgos de nuestros rostros. Porque estamos hartos del aire fresco, de las promesas vacías y de que unos no valgan igual que otros. Porque el aire fresco que antes aliviaba ahora es frío, y amenaza con helar nuestra alma.

Que le den al aire fresco. Cierren las ventanas. Hace demasiado frío aquí dentro. Ya habrá tiempo de buscar las flores cuando llegue la primavera.

Publicado por David Lorenzo Cardiel

Autor. David Lorenzo Cardiel aúna desde la adolescencia su vocación filosófica con su pasión por la poesía, el ensayo y la narrativa.

3 comentarios sobre “CERRAD LAS VENTANAS

  1. ¿Un poco pesimista?
    Los problemas son pasajeros.

    A la Vida le gusta jugar con nosotros. Nos esconde la realidad para que la encontremos y nos sintamos dioses por un instante. Pone pistas y si no damos con la solución, propone otro juego más fácil aunque menos interesante.

    Todo tiene un aspecto positivo. El frío espabila y el lodo subraya lo que en su tono original podría disimularse.

    El pesimismo, el desanimo es una reacción infantil. Paradójicamente no tiene nada que ver con los niños sino con algún aspecto nuestro que no ha madurado lo suficiente.

    El rumbo de la sociedad es mucho más fácil de modificar de lo que nos parece. Lo vemos imposible porque pretendemos cambiar a los demás y ese deseo queda en eso, en deseo.

    Somos nosotros los que tenemos que ajustar la brújula de nuestros actos con nuestras ideas. Entonces se cierra esa ventana por la que vemos paisajes lejanos y nuestra solidez, nuestro soldado interior, consigue abrir la puerta al presente.

    Es la única forma de ganar batallas.

    Una más, David, y otro abrazo.
    María

  2. María, perdona por haber tardado en contestar. No estoy pesimista, pero quizás sí un poco bamboleado por las circunstancias y, en todo caso, confuso.

    Había pensado una respuesta más larga y profunda, pero creo que no es el lugar para comentarla.

    Pero no te preocupes, María, todo está “bien”.

    Gracias, una vez más, no sólo por estar ahí, sino por tus palabras, apoyo y ánimo, y por soportar la impertinencia de los últimos tiempos.

    Gracias por todo.

    Un abrazo tan fuerte, de los que cortan la respiración.

    David

    1. No tienes que pedir perdón por ¿tardar? en contestar. Los amigos están ahí, dispuestos a escuchar (incluido el silencio).

      Te deseo que ese “bien” te abrace tan fuerte como el que yo he recibido.
      Ánimo, David.
      María

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