NADA MÁS BELLO QUE EL SILENCIO

(Susurro estas palabras para no distraerte de la importante labor que estés haciendo. Me gustaría decir que te hablo, pero me conformo con escribirte estas líneas para anunciarte que ha salido publicada en la revista Andalán una cosilla mía que, quizás, te interese leer. Y ya me callo, que no hay nada más bello que el silencio.)

 

Publicado por David Lorenzo Cardiel

Autor. David Lorenzo Cardiel aúna desde la adolescencia su vocación filosófica con su pasión por la poesía, el ensayo y la narrativa.

9 comentarios sobre “NADA MÁS BELLO QUE EL SILENCIO

  1. De niña los cantos rusos me provocaban una tristeza que no sabía explicar. Expresaban una fuerza vital que se necesitaba madurez para traducirla. Años más tarde, la Jota se hermanó con ese sentimiento. El baile (no el cante) me llenaba de optimismo.
    Leo tu artículo en Andalán (lo heché en falta en tu blog) y sonrío con esa similitud que describes. ¡Es así!
    Yo también adoro Zaragoza, aunque sea navarra de origen.

    Un abracico.
    María

  2. Me ha gustado mucho esa puntualización sobre el canto y el baile. Ambos son reflejo de la realidad y de las distintas sociedades. Por ejemplo, de tu poemario me gustó la manera en que reflejas el amor (y otras cosas) a través del tango, incluso la concesión rítmica que haces a algunos de tus poemas, que parece que tengan una música de fondo muy especial.

    Si reflexionamos sobre el folklore, nos daremos cuenta de que ese espíritu de lucha se refleja en todas las naciones, pero dependiendo de las circunstancias, en unas tiene más arraigo que en otras. En Chechenia hay algunos cánticos preciosos que versan sobre la guerra y la maldad social en contraposición con la realidad. Algunos de ellos pueden reconocer “gemelos” en el Tirol y en la cultura japonesa y china. El folklore del desierto de Gobi tiene rasgos similares a la tradicional de la estepa rusa y, como bien dices, todos ellos provocan el desgarro y el inevitable nudo en la garganta de aquello que narran.

    Aragón tiene muchas similitudes con Rusia o con parte de China o incluso Japón. Un clima adusto y brusco, una orografía complicada y una vida fundamentalmente rural (Japón sigue siendo rural: fíjate que este país ha asumido, en un acto de defensa frente a la invasión occidental, sus rasgos, pero con esta acción ha renunciado a su esencia. Para descubrir Japón hay que adentrarse en los pocos rincones que quedan en lo más profundo de las islas). Las gentes viven, de alguna manera, atrapadas en sociedades muy estrictas y persecutorias (véase un pueblo cualquiera de nuestra tierra). Rusia y Aragón comparten mucho en común, y por eso su literatura, su cine, su música y sus bailes se comprenden con mayor facilidad en cualquiera de estos territorios. La Jota habla de las complicadas relaciones entre las gentes, pero también del paso del tiempo, de la vida, del olvido, del exilio, de la lucha… Su estructura me parece simple (repetición-nudo-repetición), pero casi siempre su mensaje es profundo y descarnado.

    Ya ví en el poemario que eras navarra. Si no es indiscrección, ¿de qué parte? Aragoneses y navarros siempre hemos sido -y somos- auténticos hermanos.

    Gracias por tus palabras y por tu atención (siempre necesarias).

    Un gran abrazo,
    David

    1. Pregunta del post anterior (sonriendo) ¿Le apetece que le cuente mi vida?

      Nací en Muruzábal, cerca de Obanos y Puente la Reina. Pasé muchos veranos de mi infancia en Zariquiegui. Allí vivía una hermana de mi madre. Fíjate, David, cómo todo se trenza. A Zariquiegui le llamaban “la Rusia Blanca” por el frío que hacía.
      Nací en Muruzábal, pero el primer año de mi vida lo pasé en Barcelona (vivía allí un hermano de mi madre). ¡Qué hermosa ciudad!
      Finalmente mis padres se instalaron en Zaragoza y esta tierra tan llena de contrastes ha sido ideal para mí.
      Pero lo verdaderamente insustituible son los paisajes humanos y, afortunadamente, esos están en todas partes.

      Mañana te contaré otro de mis sueños con un tren. Tengo también otro con una ventana.

      Otro abrazo
      María

  3. De Navarra conozco bien poco. Casi siempre, lo que más cerca tenemos es lo que menos visitamos. Mi último viaje por el pirineo me llevó hasta el Roncal y el castillo de Javier, del que me encantó el cementerio godo y el paisaje. La mayoría de las veces que he estado en Navarra ha sido de paso, camino de Bilbao o San Sebastián (donde sí que iba de excursión en primavera). De Bilbao recuerdo los montes que están más allá de Loui, donde está una virgencita. Es un sitio maravilloso. En primavera aún hace frío, el “refrior” aragonés, y yo iba con mi cazadorita, con el cuello subido hasta arriba, trepando por una pequeña colina que se adentra en el bosque. Aunque no hubiera llovido, las plantas estaban húmedas y los enormes árboles del papel cubrían todo el bosque. Si la excusión la hacíamos en otoño, los acebos tenían sus bayas y algún año encontrabas huellas del paso de un ciervo. En primavera, había zarzales con unas moras riquísimas. Con el paso de los años, ví como a través de ese bosque tan hermoso se veía la luz del final. Desde hace relativamente poco, tan solo existe un ancho de tres hileras de árboles. El resto es una gran explanada, completamente yerma, donde la industria del papel se ha dedicado a talar árboles durante décadas.

    Es gratificante comprobar cómo todos y todo está interconectado. Tendré que visitar los pueblos de tus orígenes y comprobar cuánto de fría es la famosa “Rusia Blanca” navarra.

    Puedes contarme lo que quieras. Estoy deseando “escuchar” esos sueños.

    Un abrazo,
    David

    1. Sueño y vigilia. La conciencia es el punto de equilibrio que lo es por trenzar esos dos aspectos vitales.
      El mundo onírico ha sido mi segunda voz. Hace muchos años tuve el siguiente sueño:

      Caminaba con mi compañero hacia la estación. Tenía que marcharse. Yo no quería pero parecía algo inevitable. Subió al tren. El jefe de estación estaba preparado para dar la salida. Al mismo tiempo que levantaba el banderín, yo hice un gesto seguro y rápido y desenganché el vagón. El tren salió sin mi amado. No me importaba el tremendo enfado que veía en el “Jefe” por no haber cumplido sus órdenes. Lo importante es que “yo” me quedaba conmigo.

      El tren es uno de los símbolos en los que suele viajar Tanatos.

      Como ves, ya te he hablado de trenes, viajes y escaleras. Queda la ventana.

      Será con otro café.
      Un abrazo
      María

  4. El tren, la estación, símbolos de la vida, no solo de la muerte. Ahora que nombras el Tanatos…pienso en el significado tan nihilista, tan temeroso, tan perdido, que en occidente le hemos dado a la muerte. Alguna vez te he nombrado los cementerios. Creo que, de hecho, en el comentario anterior te he nombrado el godo del Castillo de Javier. Nuestros cementerios son fríos y tenebrosos, como un lugar irremediable que se mantiene pero detestado por todos. Fíjate en otras épocas y, ya no digo en otras culturas. La sencillez de las losas, pero cada una con un mandala diferente, con un arquetipo. No les importa tanto los cuerpos enterrados ni el planto al fallecido como lo que hay más allá, que es el mensaje que pretende expresar cada mandala. La muerte occidental son los poemas de Manrique, el temor a desaparecer, cuando nunca podemos desaparecer realmente. El Tanatos griego alude a una muerte tranquila, asumida y en paz, a una continuación del camino y no al final irremediable del trayecto. El tren como símbolo fiel de la vida.

    Me ha gustado mucho la descripción de tu sueño. Yo creo que al “Jefe” no le enfada que te quedes con tu amado sino que, con ese acto, no asumas que, en algún momento, todo viajero debe subirse al tren que marca su billete, el que él ha elegido.

    Espero ansioso tu sueño sobre ventanas.

    Un abrazo,
    David

    1. La idea que tengo de la muerte (para mí) es espectacular.

      Desde niña me ha encantado pasear por los cementerios. Encontraba una paz que nada tenía que ver con el oscurantismo que socialmente rodeaba ese hecho natural.
      En mis viajes, uno de los lugares que me ha interesado conocer ha sido ese. Tengo una anécdota preciosa sobre el cementerio de Montparnasse en París.

      Grigori Perelman, matemático ruso, demostró la conjetura de Poincaré. Rechazó el premio que le dieron por ello y las razones me parecieron muy inteligentes, pero esta es otra cuestión. Yo a Poincaré solo lo conocía a través de un amigo y de una forma muy superficial. En un determinado momento la prensa habló sobre él y su no demostrada conjetura y yo me guardaba esos artículos.

      Hace algunos años fui a París con Eugenio, mi querido compañero. Aceptó mi propuesta de visitar uno de sus cementerios y allí estaba la tumba de Poincaré. Fue una sorpresa. En la fría losa, pegado con celo, había un trozo de papel escrito a mano y en español, como si quisiera comunicarle esa buena noticia a quien allí descansaba: ¡¡¡Perelman demostró tu conjetura. EUREKA!!!.

      ¿Te imaginas mi emoción? (Tengo que decir que no tengo conocimientos matemáticos, pero sí un entusiasmo por ellos. Son pura música)

      Uy, que tarde… (La ventana para otro día)

      Un abrazo
      María

  5. Perdona el retraso al contestar…no ha sido voluntario…

    A Poincaré se le conoce por sus trabajos en Álgebra y Topología, áreas bastante complicadas dentro de la matemática. En Álgebra se le vincula a los espacios de Minkovski (espacio vectorial de dimensión 4 en el cuerpo complejo), que sirven para codificar los procesos electromagnéticos (ecuaciones de Lorentz) y estos son la síntesis de la Tª de la Relatividad de Einstein (en concreto, sus trabajos avanzaron en la llamada “relatividad especial”).

    Es emocionante pensar que alguien desconocido, con timidez, se acercará un día a tu tumba y te dejará un mensaje o una flor. Que no has hablado para nada. Que siempre hay contemporáneos o futuros que te escuchan o que te escucharán.

    Espero con impaciencia el sueño de la ventana.

    Un abrazo (y felices fiestas),
    David

  6. Un día escuché una voz impresionante. Cantaba divinamente y yo lamenté no tener esa cualidad. Inmediatamente mi sentido común me corrigió. También son imprescindibles los espectadores, te ha tocado ese papel. Me convencí y pude disfrutar absolutamente concentrada.

    Me has dejado impresionada por ese conocimiento de Poincaré. ¡Qué bien, no saber, para tener el privilegio de escuchar!

    Gracias, gracias.
    María

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