Esa gentuza…

>Llevo unas cuantas semanas observándolo, detenidamente. Prácticamente oculto, fugaz. Llevo unas cuantas semanas acumulando anécdotas del mismo tipo sin poder descargar mi furia ciclónica cuando ocurren. Sin poder mandarlos al infierno, que es donde se merecen estar.
Llevo varias semanas observando el comportamiento de algunos conductores, bestias salvajes sin humanidad ni sentido de lo humano. Híbridos con forma humana pero con interior vacío. Esos que la ley unas veces llama “irresponsables” y en otras, “temerarios”. Esos que declaran ante el juzgado de turno que no se encontraban en “todas sus facultades” para conducir y que “no sabían lo que hacían” en el momento del accidente. Para que la pena sea menor. Infinitamente menor. Esos que luego salen del juicio victoriosos riéndose a carcajada limpia en la humillada cara de los familiares de los difuntos, de los que han sufrido la falta de humanidad y la violencia inhumana de un depredador de asfalto. Y los familiares deben tragar saliva, para aparentar pacifismo y buena ciudadanía, aquella que ese cabrón no tuvo mientras conducía.
Esos que, finalmente, adelantan al triple de la velocidad permitida, apuran las rectas y las curvas y presionan a los otros conductores con pitidos y la velocidad de su vil vehículo. Esos que mantienen su velocidad mientras un inocente y buen conductor viene de frente por su carril y no puede apartarse, ni siquiera frenar en el arcén, porque no pueden cruzarse a la vez dos coches sin chocar. Esos que se juegan la vida de los demás en el éxito de sus pericias.
Como digo llevo observando algunos casos de estos hijos de la gran ramera en los que acosan al resto de conductores, los adelantan a velocidades vertiginosas y apuran los espacios haciendo sufrir al conductor que viene de frente. Algunos de ellos aparecen en escena con algún cochazo de lujo, de los de gran cilindrada. Deben creerse que por poseer coches lujosos pueden amedrentar y poner en peligro al resto de conductores. Deben creerse dueños de la vida de los demás. De poder elegir si matar o indultar. Porque, lamentablemente, cada vez que ocasionan un accidente normalmente ellos salen vivos mientras el inocente muere.
Otros, para obligarnos a salir del tópico lo hacen con coches normalitos. Éstos se deben creer directamente dioses a los que les pesa el ritmo de la carretera y tienen que estar constantemente adelantando y pisando el acelerador para descargar su inhumanidad, para demostrar su superioridad.
De los que he presenciado afortunadamente ninguno ha acabado en desgracia. Siempre algún gentil conductor permitió la incorporación in extremis del mamón de turno salvando así la vida del inocente que venía de frente. Y la suya. Y la de los ocupantes de los coches que venían detrás de él. Mientras todos tenían la garganta seca, el mamón -o mamona- acelera extasiado -o extasiada- volviendo a hacer lo mismo en la próxima oportunidad que encuentre.
A todas estas personas que ponen en peligro al resto a voluntad, aleguen lo que aleguen, porque para coger el coche ebrio o drogado hace falta una mínima voluntad; a todas estas personas que lo hacen por prisa, por diversión o por superioridad o porque, directamente, les sale del cimbel; les digo que si tan poco valoran la vida de los demás y la suya propia que, sin porfavor, no lo duden un instante y se ahorquen, se suiciden. Total, si son capaces de jugarse la vida a una imprudencia qué más les dará morir un mes antes o un mes después.
Una cosa es cometer un error imprevisto, un cálculo mal hecho que, tristemente acaba en desgracia y otra arrisgarse concienzudamente sesgando en la mayoría de los casos las vidas de los que, modélicamente hacen de la conducción un ejemplo, un arte.
Solo espero que algún día la mentalidad de la gente adquiera un matiz mucho más espiritual y mucho más respetuoso con la vida de los otros seres humanos, no ya solo en carretera, sino en cualquier otro aspecto. Mientras tanto, como digo, más les valdría a los que planean semejantes azañas suicidarse antes de asesinar a inocentes. Prefiero pensar que el destino de las personas asesinadas es precisamente ese. Prefiero pensar que esos hijos de perra no poseen el ciento por ciento de la culpa de que una persona muera. Prefiero pensar que vamos a cambiar y que las leyes, algún día, castigarán con todo su poder a estos rufianes que no son personas sino monstruos abisales, gente sin escrúpulos y viles híbridos con un interior vacío y una existencia podrida.

PD:  Agradezco también con este artículo la sangre fría de los  buenos conductores, que no dudan en ceder su lugar y en cooperar para evitar accidentes en todo lo posible. Muchos de estos buenos conductores también llevan coches de lujo. Muchas gracias a vosotros, excelentes conductores por salvar, de alguna manera, vidas.

Las palabras de Luis

>Luís fue un antiguo profesor mío, uno de esos exegetas que se conforman, en su modestia natural, con dedicarse a la Enseñanza Primaria Obligatoria cuando bien podrían estar disfrutando de una buena plaza en la Universidad y una jubilación más que decente en el futuro.
Luís era un tipo duro. Han pasado los suficientes años como para que sólo de él me queden algunas imágenes sueltas y algunos recuerdos estereotipados. Pero esto ya me sirve para retratarlo tal y como verdaderamente era. Sin embargo, Luís aparentaba ser duro. Era de la vieja escuela, de estos maestros que comprenden que si no se enderezan a los arbolillos desde pequeños de mayores van a estar torcidos siempre. Buscaba la disciplina como nadie y, la verdad, sabía infundirla hasta al más gamberro. Nunca le vi utilizar ningún artilugio para provocar ruido y llamar la atención de los alumnos ni nunca le he visto levantar la voz más allá de lo que acostumbraba en clase. Solo utilizaba su carácter, recto y guardando las distancias, y sus órdenes iban literalmente a misa. Por ejemplo, recuerdo una vez que mandó de deberes conjugar a la perfección todos los tiempos verbales. Nos hizo levantar a toda la clase y ponernos unos pegados a los otros siguiendo la línea de la pared. Acercándose a cada uno le pedía conjugar entero un verbo en todos sus tiempos y, si no cometía errores, lo felicitaba y le dejaba sentarse. Si te confundías, permanecías de pie hasta que te volviera a tocar turno, porque casi siempre no eres el único en la vida en confundirte en algo. Pero Luís no era un borde y su rectitud se amoldaba al nivel de cada uno de sus pupilos. Así, si sabía que un alumno no daba para conjugar un verbo complicado, le ordenaba uno sencillito. Por otra parte, a los que éramos más listotes nos ponía siempre los más complicados que encontraba. Naturalmente, cuando lograbas conjugarlo bien te sentabas pensando a qué clase de cabroncillo tenías como profesor.

– Un borde, es Don Luís -comentábamos entre nosotros-.

Sin embargo, el tiempo ha demostrado que Luís no era un borde ni mucho menos, sino un adelantado al que le gustaba sacar el mayor rendimiento exigible a un niño de siete, ocho o nueve años. Nos conocía perfectamente, sabía de que pie cojeábamos cada uno y, por supuesto, sabía si podías con algo difícil o no.
Don Luís, como ya se habrán fijado, es un apelativo un poco carca para los valores sociales que se pretenden conservar hoy en día. Algunos incluso puntualizarían que es hasta facha. Sin embargo, Luís era un hombre conservador. Le gustaba ir vestido con pantalones de traje, chaqueta gris a cuadros y camisa discreta. Le gustaba también ir peinado con estilo y la presencia para él era como una asignatura más a superar. No se podía asistir a clase de cualquier manera, no, había que ir bien peinado, bien aseado y como correspondía a los niveles tradicionales de vestimenta apropiada para un niño y para una niña. En su disciplina, Luís nos enseñaba el valor de las palabras. Nos decía que la palabra es el motor de la humanidad, el medio esencial por el que una persona se comunica con su todo. Y por eso nos enseñaba a valorar cada acepción. A él le gustaba que le llamaras Don Luís, con respeto y de usted. Para él, el usted era la clave para que un chavalín fuera persona de provecho en el futuro. Y no se equivocaba. Nunca forzaba a los alumnos a más allá del temario del libro, pues es raro y difícil que un niño de seis o siete años destaque en ostentosas redacciones y trabajos complejos, pero lo que enseñaba quería que fuera bien asimilado por aquellos que eran sus protegidos.
Luís siempre tuvo -y supongo que seguirá teniendo- un corazón de oro. Sabía apoyar hasta el final a cada alumno y si sabía que tenía oportunidades en la vida él lo defendía y lo impulsaba, le enseñaba a luchar. Si se encontraba frente a un mal alumno, Luís no desfallecía: continuaba su labor docente con la esperanza de poder despertar algún día esa chispa que todos tenemos en nuestro interior esperando a ser encendida, desencadenada.
Ahora que, como digo, hay cierta distancia temporal desde aquel año que me dio clases cuando apenas contaba un puñado de añitos puedo ver y entender que, comparando a Luís con otros docentes presentes por mi camino Luís fue un antes y un después en la vida de los que supimos aprovechar a ese grande entre los grandes. Luís se parece a otros profesores, aunque su mayor diferencia con ellos es que Luís tenía esperanza. Tanto en universidad como en la Enseñanza Secundaria o incluso en Bachiller es tan difícil hacer entender ciertas cosas a un alumno que, después de largos años de lucha casi diaria, si no se consigue despertar esa chispa con facilidad muchas veces se tira la toalla. Los años al timón y la indiferencia de muchos de los alumnos terminan por endurecer los corazones de los docentes y las toallas de la enseñanza acaban, tarde o temprano por rodar por la lona del cuadrilátero donde se bate a puños el alumno adoctrinado con las durezas de la vida.
Luís se jubiló al terminar ese mismo año. Se que nunca perdió la esperanza al igual que confío en que tampoco la haya perdido en ese nuevo estado de latencia y de impotencia docente que representa la jubilación para un gran profesor. Porque siendo como era, seguro que tiene que vivir esa impotencia. La impotencia de ver como el mundo se derrumba, la educación decae, la gente se desculturaliza y es cada vez más manipulable. La impotencia de ver caer en el pozo del olvido el pensamiento, el razonamiento, la reflexión y el valor de cada una de las palabras de esta bella lengua que hablamos. Una lengua de la que él hacía que nos sintiéramos orgullosos. Una perseverancia guerrera que ha participado, por ejemplo, en que hoy esté yo pegado a este ordenador dándole a la tecla y escribiendo este homenaje más que justo y más que merecido.

Insensibilidad ciudadana

>Hace algunos días me enteré de las nuevas protestas de los usuarios del carril bici de Zaragoza. No es que sea algo nuevo pero cada vez que me entero de los motivos despiertan en mi persona una indignación cada vez mayor. Parece ser que los insensibles ciclistas -que por supuesto otra vez han vuelto a las andadas de circular por la acera en lugares con carril bici a “toda pastilla”- ahora acusan sin motivo tanto a viandantes como a conductores. Vamos, lo de siempre. La diferencia es que antes aún les comprendía y les defendía -como lo seguiría haciendo- porque sus protestas se basaban en unos conductores que nos les permitían moverse con dignidad por la ciudad. Pero ahora resulta que con sus merecidos carriles bici construídos y en construcción también existen protestas contra sus “hermanos” de ciudadanía. Al principio, como ya saben aunque sea de seguir mis artículos, una gran parte de los ciclistas, apoyados por la carta blanca, más bien reluciente, que el consistorio les dio para hacer lo que quisieran en la ciudad, abandonaron los carriles bici en los lugares donde los había para pasar directamente por la acera, pero sin medir su velocidad. Ahí, a lo bestia, esquivando niños, adultos y ancianos a la velocidad de un vehículo en su paso por una ciudad. Sin nombrar los insultos de estos malintencionados individuos a los viandantes que les recriminaban su velocidad y sus modos. En ese momento, viendo su insensibilidad, empezé la lucha. Más de una vez, a lo largo de los meses me he encontrado con gente de este tipo y, a su vez, con gente respetable que pedían permiso a la gente cuando no podían pasar o bien iban despacito hasta encontrar su carril, a la que desde aquí les doy mi mayor agradecimiento y respeto. El problema, a día de hoy son dos: el primero ya lo comenzé a comentar hace un par de meses más o menos. Para cerrar la ronda de carril bici, lo han hecho por el Puente de la Unión, Camino de las Torres y Marqués de la Cadena. Les recomiendo un paseo desinteresado por la zona. Podrán observar todo un espectáculo de líneas verdes, mal trazadas, tramos donde apenas cabe una bicicleta, otros donde hay múltiples cruces en grandes avenidas sin semáforo siquiera, carriles encima de la plataforma del bus, donde la gente espera y donde un lacónico y ridículo “Mire bici” complementa el cuadro o donde, para ver y no creer han colocado un carril de la anchura de una rueda. Sí, de una rueda, como ocurre en los alrededores de Miguel Servet. Esto sin contar que en este tramo del puente los ciclistas están poco más que en plena calzada o que algunos tramos de carril atraviesan antiguos lugares de aparcamiento o donde simplemente vehículos largos y pesados no pueden girar, como ocurre con algunos autobuses urbanos que se han llevado hasta vallas enteras. Y ahora resulta que a poco tiempo de inaugurar la chapuza del 2010, muchos grupos ciclistas, debido a los altercados producidos por un atropello a una usuaria del bus o que los coches, para poder incorporarse en algunos giros pisan el carril impidiendo el paso del ciclista culpan al resto de usuarios de la ciudad de no respetarles. Sí, así de sencillo. Más claro agua. No se que puede entender cada persona por respeto, pero en este caso, tener respeto sería no ocupar sus carriles, o no aparcar el coche en ellos a propósito o directamente no atropellar a aquél que circule por la acera sin respeto. A los conductores se les acusa de aparcar los coches en los carriles, debido a que en un tramo hay coches aparcados delante de un taller de reparación; a que no pisen y obstaculicen en sus pasos a los ciclistas, cuando un vehículo va a cruzar o que los peatones “comprendan” a los de dos ruedas vigilen cuando va a pasar una bicicleta al coger el autobús o que tengan cuidado cuando un ciclista pase por la acera, más o menos. Si observamos la realidad, ni el carril tendría que estar en la plataforma de acceso al bus, ni en cruces grandes de avenidas donde si no lo pisa el conductor se queda poco menos que cruzado en la vía, ni enfrente de talleres ni párquines, porque al haber eliminado los aparcamientos, los coches que esperan entrar a reparación tendrán que dejarlos ahí encima.
Por supuesto, exentos de multas en tales menesteres. ¿Acaso las multas acabarían con el “problema“? No, claro que no, sólo servirían una escusa al consistorio para agrandar su recaudación. Sin embargo, ¿qué deberíamos hacer los perjudicados cuando un ciclista atropella a un usuario del bus?¿Demandarle y meterlo a la cárcel, como si fuera a un atropello de vehículo?
Está claro que por ética no. No porque la culpa de esa obra no es ni de peatones, ni de ciclistas ni de conductores, sino de un apresurado consistorio que ha hecho una deficiente obra. Pedir responsabilidades a los demás, que no tenemos la culpa, y demandar multas para ellos es muy sencillo, pero sin embargo pedir rectificación a los que la tienen nadie se atreve. Muchas veces las multas tendían que ser para esos incautos ciclistas que atraviesan la acera como un vehículo, y no para el resto. Desde luego, si algo se debe demandar es un cambio al ayuntamiento, no a la ciudadanía.

Ancianos…

>El otro día, mientras paseaba un rato, pude ver una escena “tierna” a cual más ver. El parque -pueden elegir en sus mentes cualquiera de los que conozcan- se extendía amplio ante mi horizonte visual, al igual que seguramente se les extendería al grupo de jóvenes que estaban haciendo una de las pruebas de aptitud físicas que deben realizar en su asignatura deportiva de su instituto o centro educativo. Un día nublado, quizás lluvioso, en el que los jóvenes, tapados con sus anoraks se protegían del fresco cierzo que los azotaba. Mientras proseguía mi camino, una tanda de chavales -no los juzguen, no se trata de macarras, sino de buenos y respetuosos chavales, pues ahora lo comprobarán- daba vueltas por los caminitos del parque, ahora circuito. De pronto, vi colocarse a una pareja de ancianos, bastante móviles aún, con algún achaque y con un perrito cada uno. Se detienen justo en un banco casi encima del circuito, de pié, altivos, para poder ver pasar a los chavales. Por su altivez decidí detener un rato mi marcha para observar la situación. Esperan a que uno de los jóvenes -el más veloz de la prueba- pase. Cuando ya ha pasado por delante de ellos, los dos ancianos le gritan: “chaval, como sigas a esa velocidad te vas a comer las farolas”. Como me pareció graciosa la frase esperé a que pasara el siguiente: “a este paso no te vas a mover…”, le grita uno de los abuelos.
A todo esto, los ancianos no recogen a sus canes, que los pobres chicos y chicas tienen que esquivar. Algunos les miran indignados, pero callan por respeto a las canas. Su mirada les delata…
Pasa otro: “chaval, un poco más rápido, joder, que ya te vale”.
A los dos ancianos se les veía felices de vacilar a los jóvenes, que por educación se callaban. Deciden seguir “divirtiéndose” un rato más…
Los ancianos siguen gritando apelativos amorales, con un semblante y un tono de burla a cada vuelta que dan los chavales. Cada vez están más enfadados pues los apelativos cada vez son más burlones e insultantes. Desde mi posición, siento un profundo asco por esos dos seres humanos, seguramente amargados de la vida, con unos hijos que están deseando su fallecimiento para quitarles todo su dinero o que, simplemente, están más cerca del asilo que de su propia casa.
Los ancianos continúan agravando el asunto, esta vez ya era la cuarta o la quinta que gritaban insultos a cada uno de los chavales.
Al pasar uno, los ancianos le dicen: “una cocacolita, ya de paso vete a buscar una cocacolita, porque a esa velocidad… manda cojones“.
El joven ya no aguanta más, y con todo respeto, aplaca la insolencia de los ancianos: “¿es que no tienen nada qué hacer?
Los viejos, incrédulos, emiten una aluvión de verdaderos insultos sobre el joven -insultos graves, oigan-. El joven, mientras proseguía, y sin perder la compostura, les grita: “más les valdría mover esas piernas…”. Los ancianos, continuaban insultando, quizás pensando cómo es esa juventud insolente y mal nacida, donde no hay respeto y se hace callar a humildes abuelitos que paseando por el parque “animan” a la insurrecta juventud.

Con café y bollo

>Parece ser que ya ni siquiera disimulamos. Nos da igual todo. Al menos, a los que hemos elegido para gobernar. Son una vergüenza las estadísticas al igual que lo son nuestras polémicas…
Como siempre no ha hecho falta nada más que abrir el periódico para encontrarme alguna pamplinada de las de caerse por la ventana y dar saltos de alegría, y como siempre las pamplinadas e indecencias mejoran cada día, como el buen vino. Ahora la polémica se desplaza al Congreso, como muchos de ustedes ya sabrán. Ahora se acusan unos a otros de “machistas” o “feministas”, como si su puestazo de trabajo fuera un juego. Por unas declaraciones o palabras que aún no he tenido la ocasión de oirlas ni entenderlas. Uno abogan por la supuesta ofendida -que hasta que no oiga las palabras, bien puede serla-, otros defienden al supuesto ofensor, probablemente entre risas y cafés en el Congreso de los Diputados. Yo no comprendo cómo a más de uno no se le ha atragantado ya algún que otro bollo a mojar por lo que ocurre diariamente fuera. Siguiendo la pauta del periódico encontramos una noticia relevante: España lidera el ránkin de paro juvenil. Cuando termina de leer a uno se le queda la cara de volver a la anterior noticia, la de los ofensores y ofendidos para ver dónde está la gracia.
Tarde o temprano, el lector comprende que no hay gracia, sino incautos graciosos con jubilación y sueldo de por vida. Mientras los parados, ahora ya de todas las edades, guardan fila sin habiendo cobrado “cuatro gordas”, los piratas del “Alakrana” pueden quedar libres por no saber si son o no mayores de edad o General Motors anuncia que tras la venta a Magna van a producirse nada menos que 900 despidos, los que mandan toman cafés y se rien sus anécdotas, inmutables. No digo que no pueda haber alguna excepción dentro de la camada, pero es innegable que el patrón a seguir pesa como la vida misma. En el fondo, qué más da que ver los programas del corazón, si ya tenemos tertulia política. En el fondo qué más da que no estrenen “Saw VI” en todos los cines o sólo en los X o qué más da si un día todos los parados se embarcan en buques piratas para atacar a nuestros pesqueros. Seguro que algunos de los de arriba se sentirían orgullosos. Yo, mientras, abandono el “barco” y me voy a ver “Millenium II” para ver si la ficción se trata o no de la vida real, como marcó en sus coplas Jorge Manrique.

¿Casualidad? Lo dudo…

>El otro día, veinte de octubre leí en el diario 20 Minutos un gran artículo que me llamó la atención. La verdad es que a lo largo de la historia se han producido y se producen montones de casos similares con gente anónima. Quizás trate alguno en particular más adelante, quizás no, pero me pareció oportuno publicar algunos de ellos los que he considerado de mayor relevancia…

DIÁMETROS SIMÉTRICOS

Esto ya lo percibió el filósofo Aristarco en su momento, pero hoy en día con nuestra tecnología parece más ovbio.
El astro solar es 400 veces más grande que la Luna, pero sin embargo ambos cuerpos coinciden de forma perfecta en los eclipses. Esto se debe a que el Sol se encuentra 400 veces más lejos de la Tierra que de la Luna (?) y el diámetro aparente del Sol y la Luna es en ambos de 31 minutos.

PARALELISMO EN VIDA

Seguro que a alguno de mis lectores le habrá ocurrido el encontrarse con personas muy similares a él/ella en aspecto, están casados/as con parejas con el mismo nombre o comparten número y calle en distintas ciudades, pero dudo que le ocurriera lo mismo que a Humberto I de Saboya. SE cuenta que el 28 de Julio de 1900 el rey cenaba en un restaurante de lujo cuando observó que el dueño se parecía mucho a él. Tras interrogarle descubrió que se llamaba también Humberto, que los dos habían nacido en Turín el mismo día y que se habían casado con una mujer que se llamaba Margherita. A la mañana siguiente del suceso, el dueño del restaurante murió en una cacería. Muy poco después, el rey moriría a causa de un atentado por parte de un anarquista.

¿PREMONICIÓN HISTÓRICA?

Un caso curioso es el que une a los presidentes de EEUU John F. Kennedy y Abraham Lincoln. Fueron elegidos en 1860 y 1960 respectivamente. Ambos fueron asesinados por un tiro a la espalda en presencia de sus esposas. Ambas perdieron un hijo estando en la Casa Blanca. Cuando fueron atacados, Kennedy viajaba en un Ford y Lincoln se encontraba en el Teatro Ford. Sus sucesores se llamarían ambos Johnson: Andrew Jonhson sucedío a Lincoln y Lyndon B. Johnson a Kennedy. Además, el primer sucesor nació en 1808 y el segundo en 1908. Ninguno de sus supuestos asesinos (John Wilkes y Lee Harvey respectivamente) pudo ser juzgado al ser asesinados antes de que esto sucediera. Wilkes asesinó a lincoln en un teatro y se escondió en un almacén. Harvey disparó desde un almacén y huyó hasta un cine…

LOS MISTERIOSOS 129 AÑOS

Entre Napoleón y Hitler hay una relación clara: 129. Parece que el número quiere perseguir a ambos líderes de unas guerras que fracasaron. Napoleón tomó el poder en 1804 y Hitler en 1933 (129 años). Napoleón entró en Viena en 1809, Hitler lo haría en 1938 (129 años después). Napoleón estró en Rusia en 1812 y 129 años después lo haría Hitler, en 1941. Napoleón perdió la guerra en junio de 1815 y Hitler en abril de 1945, es decir, 129 años y 10 meses des´pués de que la perdiera Napoleón.

EL CRUCIGRAMA DE LA VERDAD

Segunda Guerra Mundial. Los aliados pretenden dar un golpe de autoridad con el desembarco de Normandía. Todo parece en calma, nada se sospecha, y todo el mundo parece conocer los códigos, algunos como Utah, Omaha o Neptune. Pero pocos días antes del desembarco, los encargados de la operación descubrieron con horror cómo en un crucigrama del “London Daily Telegraph” aparecían todos esos términos. Estuvieron a punto de cancelarlo todo, pero siguieron. El resultado: la victoria.

UN ASESINATO POCO CASUAL

Sir Edmond Godfrey fue asesinado en 1911. Los tres hombres que lo mataron y que fueron condenados a la horca se apelladaban Green, Berry y Hill.
La residencia de Godfrey se llamaba Greenberry Hill. ¿Casualidad?

La piedra del rayo

>Me hubiera gustado poder haber estado allí en ese momento. Seguramente la fecha rondaría Abril, Mayo o incluso Junio, o puede que Septiembre. Allí, pueblo pequeño, recién levantado por el Régimen Franquista como sitio del colonización, en plena estepa castellano-leonesa y bien comunicado por líneas de autobús con Aranda de Duero o con Valladolid es donde nació una historia, en boca de todos los que la presenciaron, “normal” y de la -no se ustedes- no he oído mencionar ni en los libros de física -y eso que de esto último se bastante-.
Muy probablemente sería por la tarde, bastante rato después de la comida, de las de puchero con productos de la huerta. El sol debería aplastar el garbo de la menuda población, unos 200 habitantes, pero ese día, como tantos otros en esa época del año, el cielo se cubrió por una espesa capa de cumulonimbos dispuestos a descargar su furia. Los habitantes, la mayoría campesinos ni se inmutan y permanecen en los campos, que están cultivados de remolacha. Sin duda era una tormenta normal, como así fue. Pero hubo algo que la diferenció del resto.
Sin contemplaciones, una fuerte tromba, mezclada con el calor se precipitó sobre el pueblo, a orillas del pantano del Duero. Los campesinos se refugiaron en las casetas previamente levantadas o en su defecto, bajo los árboles. En un momento dado, un rayo cae lo suficientemente cerca para cegarles por unos instantes. Ha caído sobre una gruesa tapia de una construcción abandonada y derruida, probablemente un antiguo refugio. La ha desquebrajado por completo. Uno de ellos se acerca decididamente hasta el lugar. La tormenta ya amaina y los truenos ya se perciben lejanos. En la tapia, incrustada y claramente diferenciada de la composición de la tapia aparece una piedra negra incrustada.
Él la recoge y la lleva a casa, para explicarles a sus hijos qué era aquello. Tras las explicaciones, los muchachos jugaron con ella hasta que con el tiempo la perdieron…

Esta historia que les estoy contando es cierta, y les aseguro que la información me ha llegado directamente porque aquella persona que la recogió era mi abuelo y uno de los que jugaron con ella, indudablemente, mi padre.
Cuando me enteré de esto, interesándome, cuestioné a mi abuelo -ahora fallecido, E.P.D.- para que me narrara todos los datos que pudiera sobre el momento y la piedra. Él, desde luego, no se acordaba de la fecha en cuestión pero sí se acordaba de lo de la tapia y de las características de la piedra, aunque lo catalogó como “fenómeno normal y habitual”. De pequeño -me contó- muchas veces caían rayos en construcciones y, a veces, dejaban una piedra claramente diferenciada del resto. Ninguno en ese pueblo le dio mayor importancia, salvo mi padre, que era un zagal en aquella época y que nunca se le olvidará el tacto, peso y forma de aquel regalo del cielo.
“Mientras la tuve en las manos -comenta- puede apreciar su color, entre gris y negro con algunas vetitas o puntitos blancos. Era muy ligera, yo diría que extremadamente, aunque no me acuerso si era o no uniforme, aunque yo diría que sí.”
El abuelo, de sus caracteríaticas me pudo narrar que al recogerla no estaba caliente ni templada sino fría.
Ante todos estos conceptos y ante la innegable veracidad del suceso, sólo nos cabe especular. Y yo, tras pensar un ratito, se me ocurrieron al menos tres posibilidades:

1- La más “evidente”: el rayo golpea a la tapia desquebrajándola. Además, el calor que imparte como energía desprendida “quema” y destruye parte de la composición de la tapia creando una roca. El inconveniente de esta hipótesis es que o estaría caliente o no tendría porqué haberse condensado. Aparte de que en caso de fundirse se habría desparramado, lo que no explica su encaje.

2- Que el rayo, al choque con la tapia funda parte de los componentes de su alrededor formando una piedra. Pero esta volvería a tener los mismos inconvenientes de la anterior.

3- Que la roca fuera transportada por el rayo. Ésta, pese a que es complicada de imaginar y teorizar sí explicaría los errores anteriores.

Pese a todo, y para concluir, sin conocer casos oficiales registrados ni la visión de la física mediante teoría enunciadas, me veo en la obligación de comentarles esta historia, espero grata para todos ustedes.
Ya lo saben: si conocen algún caso de las mismas características y desean compartirlo, así como dar una visión científica u opinión argumentada pueden enviarme un mail a la dirección especificada en el apartado “Tablón de anuncios”.

Va de leyes y leles

>Con todos los respetos leles podemos ser todos. Hombres y mujeres, leles y lelas. Todos. Ricos y pobres, políticos y científicos, personal público o privado, de izquierdas o de derechas… Todos a una. Todos podemos ser leles en cuanto dejamos de pensar por nosotros mismos y considerar qué es correcto o no moralmente. Es entonces cuando nos convertimos en unos leles de primera.
Admítanlo, todos hemos sido -o somos- leles alguna vez. Y se preguntarán: ¿y ser lele que tiene que ver con las leyes? Pues bastante, la verdad. Ser lele -no se vayan a asustar- es una cualidad del ser humano que desarrollamos en el mencionado momento en el que acatamos las más absurdas normas sin dejar opinar a nuestra “moral”, esa cosa que muchos quieren extirpar y no pueden. No se preocupen por la referencia filosófica y no busquen en todo el artículo insulto ni falta de respeto porque no la hay. La ley -como todo el mundo sabe- es un método que hemos creado con el fin de regir la sociedad para que no nos desmadremos demasiado y hagamos cosas perjudiciales para el conjunto de la sociedad. Bien, ahora el problema es saber cuándo una ley deja de ser “ley” para convertirse en la aberración del exceso de poder humano descontrolado -recuerden que para ejercer el poder no existe ley-. Pues esa referencia nos la dicta nuestra moralidad. La moralidad es libre, no existe ley que la domine ni la dogmatice. La moral nos defiende, a cada paso de las injusticias cometidas, de que perdamos nuestra integridad mental y nuestra capacidad para pensar. Por eso, no hay ley -ni la habrá- que domine la conducta moral.
Pero la paradoja es que aquéllas normas que son de bienestar común deben ser acatadas por nuestra propia integridad. La moral esto lo acepta. Sí. Lo que no acepta son las idioteces, las “liladas”. Idioteces legales como prohibir escuchar música en las playas, cerrar los chiringuitos en las mismas o no poder correr por la calle ni aunque sea una emergencia. Es justo cuando legalizan semejantes liladas discriminatorias e incoherentes cuando se nos queda cara, cuerpo y espíritu de lele, pensando qué salió mal el día de la votación de su pueblo, ciudad, Comunidad Autónoma o país. Y lo peor: no nos sirve de nada. Absolutamente de nada. Pero lo que quizás es más grave es que sean personas con una cierta responsabilidad las que desarrollen esas liladas. Piénsenlo por unos instantes. Es vergonzoso. Y aún peor: cuando intentan atacar a nuestra moralidad y orgullo diciendo frases que no opinan de nosotros, porque ciertamente no lo demostramos. Es decir: casi siempre intentan frenar nuestros pensamientos y nuestra moralidad para legalizar la lilada de turno. Pero es en ese momento cuando las personas no acatamos las normas y se complica la cosa. ¿Desobedencia civil? ¿Población inmadura? Nooo, para nada. Población madura y moral. Porque imagínense el caso, que es real, de no poder correr por la calle. Imagínense que en una avenida de amplias aceras su niño, en un momento de distracción se le escapa y está a punto de cruzar la calzada. Es entonces cuando corre los 100 metros lisos batiendo el récord mundial para salvar a su criatura. Y justo cuando la salva, al borde de la calzada, viene un agente a comunicarle que acaba de violar la normativa tal de la sección tal y tal y que por tanto le van a caer tantos -bastantes- euros de multa. Ah, y no proteste, que le caen otros tales. Y no tarde en pagarlos, que le cae recargo… Sinceramente, ¿creen ustedes que sería entonces correcto dejar que su niño fuera atropellado por no violar la lilada de normativa, ley o lo que sea? Eso es la moral, aquello que no permite que cometamos la imprudencia de respetar normas o dictámenes que arriesgan nuestra integridad constantemente. Para eso somos humanos y no máquinas, para pensar, para desarrollar, para rebelarnos su hace falta, para acatar…y todo esto, señores, es la madurez de una sociedad. El saber gobernar sin abusar de su poder, el saber legislar haciendo cosas cabales y no idiotas, el saber acatar cuando lo es necesario, el saber opinar y pensar, el saberse rebelar contra las injusticias… ¡Y lo que digan los demás son manipulaciones! Las personas somos personas, seres con defectos y virtudes, y nos regimos por nuestra moral, no por leyes, y más aún si son absurdas.
Por comentar algo de hace un par de días, en Madrid se pretende subir al profesor en una tarima, otorgarle de nuevo el “usted” casi perdido y nombrarlos públicamente del mismo calibre que un juez o un policía. Todo esto, a mi juicio, está muy bien, porque todas las personas merecemos nuestro respeto, pero la pregunta es hasta qué punto es necesario dar autoridad a un colectivo. Veamos. Seguro que conocerán, aunque sea de leer este blog, el caso de los ciclistas en Zaragoza, donde las ordenanzas, poco racionales, permiten que el ciclista vaya por la acera pese a contruírse carriles bici. ¿Cuál es el resultado de esta ordenanza? Que los ciclistas tienen exceso de autoridad en las calles, desobedecen las normas que los protegen y encima provocan problemas y accidentes a los peatones. Pues con este tema -esperemos que no- puede llegar a suceder lo mismo. Por eso, cada uno, antes de defender una norma debe “consultar” a su moral para preguntarse qué secciones de la misma son correctas o no, o cuáles son idiotas, como lo es a mi juicio, la de la tarima, ya que no servirá para dar más autoridad. Todo lo demás lo creo correcto.
Ahora, espero no serles pesado, viene otra duda: ¿los chavales van a respetar la norma?
Pues simplemente por ser ley no. Será, en todo caso, porque la educación que hayan recibido sea la del respeto, porque una ley, se lo aseguro, no hará que los chavales respeten o no al profesor, al educador o a sus padres. Eso es el terreno de su moralidad influenciada por la educación recibida. Así que pese a la necesidad de la norma, les tengo que desilusionar, y es por esto que les pido que no se crean palabras necias y ambiguas que les creen dudas.
Después, y para finalizar, querría reflexionar sobre el posible abuso de poder que ciertos profesores pudieran tener sobre ciertos alumnos. Como somos tan diversos, hay que comprender que ahora con las nuevas leyes algún profesor borde puede presionar a los alumnos para que protesten y entonces, bajo sus malas artes, o ellos o sus padres reclamarles algo de malos modos y poder denuciarlos, sólo como muestra de su autoridad. Esto ya ha sucedido con mujeres que se han hecho cortes, heridas y moratones para denunciar injustamente a sus parejas con el fin de lograr indemnización o de vengarse por un asunto pasado.
Así que como última petición querría que cada vez más dejáramos de ser leles y fuéramos capaces de entender y juzgar según los hechos demostrados, según la moral y efectuar unas leyes amplias que defiendan a los colectivos desprotegidos pero que no les den demasiado poder, y eso se regula con otras leyes que obliguen a demostrar que lo denunciado es real y que se reconozca la igualdad a favor de todos colectivos y sexos sin dar ventaja al opuesto y viceversa.
Espero sus comentarios…

Desigualdad médica

>Aunque esto que voy a narrar, pese a ser verídico por desgracia, no es actual, sí miles de ciudadanos de nuestro país, España y del extranjero están sufriendo una manipulación desleal y abochornante. Me refiero al acto de la ilusión de comprarse un apartamento en la costa, o una casa de campo en un pueblecito del norte español o de un chalet frente a los rocosos salientes del Cantábrico y no poder mantener su salud de una manera óptima por culpa de los gobiernos autonómicos. Fíjense que no estoy hablando de concretos, puesto que no estoy acusando a nadie. Sólo quiero que se den por aludidas aquellas autonomías que no permitan la adquisición de fármacos de uso habitual por parte de pacientes con enfermedades crónicas que habitan de forma totalmente legal en sus territorios. Sí, son miles de testimonios a los que podíamos preguntar e interrogar. No es un mal de unos pocos. Cuando un noble ciudadano de España o del extranjero cambia su domicilio al de otra región se le debería de tratar como a un ciudadano más de esa región, al menos en el aspecto sanitario, la mínima atención que un gobierno puede tener por cualquier ciudadano. Pero como digo estas últimas frases sólo parecen pertenecer a un cuento de hadas. Si salimos al mundo real nos encontraremos conque si se nos han acabado aquellas medicaciones que usualmente tenemos que ingerir por causas de la vida que nadie querríamos tener nos encontramos que en aquel lugar en el que vivimos, pagamos contribuciones, luz, aguas, recogidas de basuras, renta y un largo etcétera no es capaz de suministrarte los medicamentos sólo por el hecho de no estar empadronado. Bien podría escusarse, desde luego, que si un no-residente de la Unión Europea pretende hacer uso de la Seguridad Social no se le conceda una visita al médico para que se le receten los medicamentos que necesita. Estaría mal, muy mal, pero podría entenderse. Bien podría escusarse, desde luego, que si un residente de la Unión Europea pretende hacer uso de la Seguridad Social no se le conceda una visita al médico para que se le receten los medicamentos que precisa, incluso teniendo tarjeta de salud comunitaria. Aún estaría peor, pero en algún caso se podría entender.
Pero desde luego, ¿cómo pueden pretender que entendamos que un ciudadano nacido o empadronado en alguna parte de nuestro país no pueda ser atendido con normalidad en otra parte del país? ¿Es que no somos todos españoles? ¿Es que acaso no se está defendiendo una y otra vez la unidad de España como único país que respeta sus diferentes nacionalidades? Pues desde luego, si no respetamos lo más básico del ciudadano, que es la salud, mal vamos. Porque si resulta que los jubilados que se compren un apartamento en otra ciudad no van a poder adquirir los medicamentos para sanar sus dolencias estamos acabados. Qué sucede, ¿que se creen que con tener el servicio de urgencias para todo aquel que lo precise ya es suficiente? Pues desde luego no. La gente trabajamos y de nuestro sueldo el Estado nos descuenta tasas por todos lados, se nos da Seguridad Social pero resulta que no podemos salir de nuestras casas porque simplemente no nos atienden debidamente en el pueblo de al lado debido a que pertenece a la comunidad vecina. ¡Pues vamos bien! A ver si ahora va a resultar que España ya no es España y cada comunidad es un país independiente. Pues precisamente esto es lo que nos están dando a entender. Lo que claramente podemos extraer de todo esto es que lo único que vuelve a importar en la vida política de cualquier país son los votos porque si no, ¿cómo explicar esta absurda situación que se lleva a cabo en algunas comunidades autónomas de España? Es la única respuesta que se me ocurre, puesto que semejande majadería no tiene explicación racional; pero desde luego, que quede bien claro que si lo promero que importa en un país son los votos de las regiones y no sus habitantes más vale que no votemos y que se fastidien todos. A ver que harían todos los partidos con un 0% de votos. Que intenten hacer coaliciones. Según las matemáticas sería 0 escaños más 0 escaños igual a 0 escaños. Total: empate morrocotudo.
Bueno, que quede bien claro que estas últimas líneas no son más que una broma informal, pero volviendo a la penosa realidad que como afirmo no digo que pase igual en todas las autonomías, y permitiéndonos a nosotros mismos soñar con la broma anteriormente propuesta, ¿no creen que sería bonito ver un país de iguales, con todos los partidos vencedores, sin distinciones, sin críticas entre ellos, sin coaliciones y sin las falsedades que sólo el poder otorga? Quizás si en algún momento del tiempo sucediera algo parecido cambiaríamos todas las personas de parecer y seríamos más leales con los de nuestro alrededor, aunque fuera por lo menos en la atención médica.

Unos Bienes de ida y vuelta

>Alguna vez creo haber mencionado en este blog que a Aragón no se le tiene ni se le ha tenido en cuenta prácticamente para nada. Recuerdo que puse algunos ejemplos como lo de los archivos de Salamanca -que sus directores dicen que todos los documentos están mezclados pero que cuando Cataluña los pidió se les entregaron en unos pocos meses- o lo del trasvase del Ebro. Ahora lo hemos podido ver y entender con lo de la financiación autonómica que el gobierno pretende otorgar a cada comunidad. Yo es que alucino en colores, oigan. El señor presidente nos suelta con todo su desparpajo y sencillez que esta financiación es una buena excusa para mejorar las relaciones con Cataluña. Vamos, que Cataluña va a hacer su “agosto”, su “septiembre” y todos los meses del año que sobran de un golpe. Y así ha sido: van a recibir 4000 millones de euros, mientras Aragón no recibe ni 300. Creo también recordar que ya escribí sobre este suceso insólito -debe de ser que tener que leer las incompetencias de los de arriba me producen amnesia- por lo que no voy a insistir en detalles. Como dije, lo peor es que Aragón se conforma con las “chuches” que le dan mientras a Cataluña le dan 13’33333 veces más “chuches”. Y es que toda esta parafernalia sólo es comparable con un patio de colegio donde unos piden y otros se conforman. Y me parece vergonzoso que los aragoneses aceptemos esta basura de financiación. Miren, no quiero motivar el voto nacionalista pero si en Aragón votáramos más a los nacionalistas por lo menos se nos oiría más y recibiríamos más. Si no, miren a los catalanes, aunque los catalanes pedir saben un rato… En Cataluña todos pueden estar tranquilos, pues sus políticos, sean del partido que sean llevan a su comunidad el mejor trozo de cada tarta que reparte el gobierno. Bueno, dejando el tema -quizás hable de ello en un futuro- me quiero dirigir a la otra gran lucha aragonesa. Aragón siempre ha tenido que pelear con la Cataluña desleal e hipócrita y en estos tiempos lo segimos haciendo. Si no, miren los periódicos.

Y es que esa batalla actual de la que no sabemos cómo vamos a salir si los aragoneses no tomamos las riendas es lo de los Bienes de ARAGÓN. Y es que trae tela el asunto, puesto que los catalanes han debido entender ARAGÓN como Cataluña. Nooo. Vayan al colegio a estudiar Sociales los que no lo sepan: ARAGÓN es ARAGÓN y Cataluña es Cataluña. Nada que ver. Y si algo se llama Bienes de ARAGÓN quiere decir que no pueden ser de Cataluña ni de Navarra ni de Castilla: son de ARAGÓN. Si ahora mismo hiciéramos un test psicotécnico a todos los españoles estoy seguro que todos acertaríamos esta sencilla cuestión menos los que andan detrás del ajo de los Bienes. Qué pasa, ¿están de cachondeo! ¿Es que no entienden que lo que es de ARAGÓN es de ARAGÓN? ¿NO entienden que si el propietario reclama es porque tiene derecho sobre lo que es suyo? ¿Saben que retener lo legítimo de alguien es robar y está penado en uno de los mandamientos? -esta va para la iglesia de Lérida, que parece que el catecismo ha quedado borrado de su mente-. ¿No se dan cuenta que son unos insurrectos del Papa, de las leyes que han jurado en la Constitución, de la UE a la que pertenecen y de España? La verdad es que no me salen ni las palabras ni las expresiones adecuadas para poder hacer un buen artículo. Es que este tema vuelve a mandar bemoles, desde la postura del gobierno aragonés hasta la postura del gobierno de España y de la UE. El Papa le pidió a la iglesia de Lérida que dejara de hacer gansadas y devolviera los bienes de Aragón. Todas las entidades del gobierno y de la UE les han exigido que devuelvan los Bienes, pero nada. Se nos ríen en la cara a Aragón, al Papa, a la UE y a toda España. Una vez más se vuelve a demostrar quién tiene la sartén por el mango en este país. Y es una pena, una gran pena. Si han tenido la ocasión de leer los periódicos aragoneses ayer y hoy, se habrán enterado de que el presidente de nuestra comunidad va a reclamar los Bienes al juzgado de Lérida. Y lo peor es que ya sabemos todos lo que va a ocurrir. Y es que mientras los aragoneses no vayamos en manifestación a Lérida y Barcelona o no protestemos al Gobierno de Aragón estos personajes no moverán ficha. Los unos porque no les interesa, los otros por poco espíritu, y mientras, los Bienes, se quedarán allí, expuestos, más bien raptados fuera de casa. Y mientras, los aragoneses para poder ver lo que es nuestro, tendremos que ir a Lérida a verlos. Miren señores catalanes, si tanto quieren los Bienes, ¿por qué no nos dan toda la provincia de Lérida y así se ahorran los costes de envío de los mismos? Les sería un buen negocio, puesto que se evitarían tener que invertir dinero en esa región y se quitarían un “hueso bien duro de roer”, que son los bienes defendidos por todos los aragoneses. Ustedes nos reclaman la Franja que de hecho, en sus diarios, situan la Franja, más aragonesa que ninguna región de ARAGÓN como territorio catalán. Ustedes nos han estado reclamando nuestras posesiones toda la vida, hasta el Ebro, que no es de nadie realmente. Y nosotros, que sólo reclamamos lo que nos pertenece a tener que ver como nos dan naranjas de la china. Pues no, eso se acabó. Nosotros somos los descendientes de la gran Corona de Aragón, y por eso nuestras Cortes influyen notablemente en el Congreso de los Diputados. Esto es algo que los catalanes no podrán tener nunca, ni con votos. Es algo que sólo la historia concedió a los que éramos algo, y no a los que no han sido nada. No les sirven ni las manipulaciones históricas ni el peso de los escaños. Ellos han cogido la sartén por el mango por culpa de las odiosas coaliciones pero desde luego que sepan ya por adelantado que ARAGÓN recuperará los Bienes lo quieran o no y de eso se encargará el tiempo y los aragoneses, que somos los que al final tendremos que manifestarnos en Madrid, en Barcelona, en Lérida o donde haga falta sólo para conseguir lo que nuestros representantes no han sabido lograr: nuestros Bienes en casa.

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